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La Policía Nacional ha vuelto a identificar a este pontevedrés por dos timos y alerta a la población de sus andanzas
04 sep 2008 . Actualizado a las 12:14 h.Renovarse o morir. Dicho y hecho. Pipo, sobrenombre con el que se conoce al pontevedrés J.?M.T.C., supuestamente ha decidido ir un paso más allá en lo que a timos se refiere.
El conocido policialmente como el estafador de la garrafa, por su aparente especialización en cobrar a sus víctimas por garrafas de gasolina u otros líquidos tras convencerlas de que el destinatario es un vecino que no se encuentra en casa, presuntamente vio en la tormenta del pasado sábado de madrugada el escenario perfecto para sacarse un dinerillo extra.
El propietario de una vivienda observó que no tenía suministro eléctrico, por lo que decidió acercarse hasta el portal para hacer una comprobación. Allí se encontró con lo que parecía ser un electricista que había sido alertado por una vecina.
Juntos acudieron a la sala de contadores, donde el supuesto profesional aseguró que el contador estaba quemado, por lo que tendría que sustituirlo por uno nuevo. La broma: sesenta euros, 45 de la nueva pieza y quince por la mano de obra.
Sin embargo, los planes del estafador se vieron truncados cuando el propietario de la vivienda le pidió una factura. A pesar del contratiempo, el timador demostró su agilidad diciéndole a su potencial víctima que tendría que trasladarse a Marcón donde tenía un almacén donde podría cursar la petición del denunciante.
No hay problema. Este último accedió a trasladarlo en su propio coche. El supuesto electricista aprovechó que su cliente se fue a buscar las llaves del vehículo para poner pies en polvorosa.
¿Y la corriente eléctrica? La víctima finalmente tuvo que llamar a un profesional de los de verdad, que le cobró 145 euros. Tuvo que enroscarle el tapón de un plomo que previamente alguien había desenroscado intencionadamente.
Los investigadores creen que la persona que asumió el papel de electricista no fue otro que Pipo, a quien se le relaciona con un nuevo timo de la garrafa ocurrido a mediados de agosto y que no fue denunciado hasta el 1 de septiembre. En este caso, la víctima fue la dueña de un negocio de Alba, en la parroquia de Lérez, quien abonó 58 euros por dos garrafas que presuntamente contenían líquido para limpiar piedra convencida de que su destinatario era un conocido cliente del establecimiento.
Ante estos hechos, la Comisaría alertó a la población de este tipo de prácticas y ánimo a las posibles víctimas a denunciar.