El rockero de Carabanchel, que el próximo viernes será una de las estrellas de la Festa do Mar de Combarro, asegura que le «va la marcha de Galicia»
17 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.A sus 54 años, 36 de ellos dedicados de lleno al rock and roll, Rosendo se ha pateado Galicia «desde que era crío. Con los Ñu e, incluso, con Fresa, el primer grupo en el que empecé a tocar, íbamos por Galicia. Soy un viejo asiduo de esta tierra». El próximo viernes, a partir de las 23.30 horas, se subirá al escenario habilitado en la explanada de A Canteira de Combarro con ocasión de la octava edición de la Festa do Mar.
-¿Cómo se presenta este concierto?
-Bien, supongo. A mí me va la marcha de Galicia. Además ahora que estamos pasando mucho calor en el resto, llegas a aquí y da gusto estar. Deseando llegar, de momento, y el concierto, si no pasa nada y va como la media que estamos teniendo, va a ser una fiesta y un puntazo.
-Lleva 36 años en la música, ¿se dice pronto?
-Sí, ya son un puñado.
-¿Qué recuerdos guarda de sus comienzos?
-Era todo muy diferente. Con Fresa ni siquiera podíamos hacer la música que queríamos, o sea que tocábamos la música que se oída, de temporada, pero afortunadamente también fue el principio de la historia. De verdad, es una experiencia que me ha venido bien porque se pateaban muchos escenarios de los de la época y eso nunca está de más.
-¿Ha notado que en este tipo la música haya cambiado?
-Desde que era un crío me gustaba el rock y sigo escuchando el rock. En cuanto a lo que a mí me toca, creo que no ha cambiado demasiado. Eso sí, se ha ido amoldando a los tiempos, se ha incorporado la tecnología, pero, por lo demás, creo que la música no deja de ser un sentimiento, que lo hay, aunque no siempre lo hay, y eso se transmite bajo la forma que sea.
-¿Y la industria? ¿ha cambiado o sigue anclada en el pasado?
-La industria está agonizando. Si no pasa nada, no sé como va a acabar la historia porque será devorada... Estamos viviendo un cambio exagerado en muy poco tiempo a todos los niveles. Es de dominio público que la música, la industria, está viviendo una crisis importante en cuanto a las discográficas. Habrá que amoldarse, ver como funcionan los nuevos formatos y tirar para adelante. No nos queda otra.
-En los últimos años se ha puesto de modo el echar la vista hacia atrás y rememorar la movida de los ochenta. ¿No cree que se han olvidado de los rockeros y de los músicos de rock que, como usted, ya estaban dándolo todo sobre los escenarios?
-Sí, pero es que la movida de los ochenta realmente no tuvo nada que ver con el rock and roll. Fue un invento un poco promocional de la ciudad de Madrid en aquel momento y se utilizó el pop porque es lo que más cómodo les resulta siempre. A nosotros seguían odiándonos como... como... iba a decir como hasta ahora, pero, afortunadamente, parece que hasta en eso ha cambiado un poco la historia.
-Entonces, ¿los rockeros han dejado de ser unos músicos malditos?
-Sí, ahora hay un circuito importante de sitios donde poder tocar, hay festivales y hay mucha gente joven a la que le gusta el rock y miles de grupos por toda España de gente muy joven. Creo que, en cuanto a eso, bienvenido sea.
-¿Se nota esto en sus giras?
-Sí, ya hace años que lo vengo notando. Yo, que tengo 54 años, muchas veces me veo fuera de lugar porque la mayoría de gente que ves en los conciertos son chavales que tienen de 20 a 25 años.
-¿Qué siente un rockero cuando ve que está actuando ante dos generaciones, ante padres e hijos que van juntos a escucharle?
-Me da mucha moral. Es señal, primero, de que los padres le han dado a sus hijos buen rollo y, segundo, llevar tanto tiempo ahí y ver como me sucede esto tampoco es algo de lo que pueda presumir mucho.