La capital arousana celebró ayer que, hace 200 años, fue la primera villa gallega que se levantó contra el invasor francés
12 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Vilagarcía no quiere dejar atrás su historia. Por eso, ayer se calzó zapatos de época, deshizo el camino recorrido en los últimos 200 años y regresó al día en el que los vecinos de la villa se levantaron en armas contra el ejército francés que había ocupado España. Los vilagarcianos de hace dos siglos fueron los primeros gallegos en rebelarse contra el invasor. Lo hicieron, dijo ayer la alcaldesa Dolores García, para «defender dous valores esenciais da propia revolución francesa: os dereitos fundamentais dos homes e o dereito dos pobos a definir o seu propio destino».
Los actos de ayer, quizás demasiado encorsetados por el protocolo, arrancaron a las once y media de la mañana. Más o menos sobre esa hora salió del Concello un pequeño desfile en el que caminaban al mismo compás un puñado de soldados franceses y un grupo de rebeldes que proclamaban, desde sus sombreros, un silencioso «Viva Fernando VII». Al son de los tambores de guerra recorrieron el centro de la ciudad para dirigirse al muelle de pasajeros, donde recibieron a la patrullera Tabarca, de la Armada Española. Junto a ellos estaba en el puerto el teniente de alcalde, Xosé Castro Ratón, el concejal Marcelino Abuín, el director de la Escuela Naval de Marín y un escueto grupo de vecinos: parejas con niños y jubilados que no perdían detalle de la curiosa escena que se desarrollaba ante sus ojos.
Luego, la comitiva sorteó obstáculos de todo tipo para llegar al consistorio. Tuvieron que cruzar, primero, el circuito de la medio-maratón que ayer se desarrollaba por las calles de la ciudad. Luego, su recorrido transcurrió por el jardín de Ravella, atestado de gente que había acudido hasta allí para escuchar a la banda de la Escuela Naval.
Superados esos obstáculos, invasores y rebeldes llegaron al consistorio. Allí, en el salón noble, los aguardaba una nutrida representación de autoridades: la alcaldesa, los concejales (de todos los grupos, menos IU), el presidente del Puerto, y los cónsules de Gran Bretaña, Portugal y Francia.
Una vez incorporados todos ellos a la comitiva, se produjo un nuevo desfile. En este caso, hasta la Praza da Independencia: el lugar en el que hace dos siglos los vilagarcianos decidieron convertirse en héroes de la guerra contra Francia. Allí hubo izado de banderas, hubo música y hubo discursos: el de la alcaldesa, Dolores García, y el del delegado del Gobierno, Manuel Ameijeiras. Ambos utilizaron sus discursos para recordar que «toda guerra é un desastre» y para ensalzar la libertad como «la energía que impulsa el desarrollo y el bienestar». Un solitario disparo sirvió, junto con el himno gallego, para devolver a Vilagarcía al presente. El público, poco a poco, se abrió paso hacia su vida.