Las caídas empañan la nueva plaza

CALDAS DE REIS

Vendedores y clientes del mercado de Caldas critican la peligrosidad del suelo y denuncian que el sistema de desagüe no funciona. Ayer hubo varios resbalones

29 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Elogios pero también muchas críticas de vendedores y de clientes se sucedieron ayer en el estreno de la reformada plaza de abastos de Caldas. Pasadas las once de la mañana había bastante movimiento en el edificio de la calle Real. Solo permanecían cerrados varios puestos que están vacantes y otros que solo abren al público los lunes, día de mercadillo en la localidad.

De entrada, parece que todo son parabienes para la obra de Seixo. Especialmente por parte de los vecinos que acuden a comprar. Los puestos lucen coquetos y hay mucha luz, a lo que ayuda la pintura blanca y el verde claro del suelo. En algunos se ofrecen caramelos a los clientes e incluso papeletas que pueden tener premio. «As cousas cando están novas están ben» o «Así limpita, da gusto» son algunas de las frases que varias mujeres lanzan a Ramón Fresco. Este hombre preside la Asociación da Praza de Abastos (Apaca) y ahora ocupa el primer puesto de la izquierda entrando por la calle Porto do Río.

Su puesto de fruta y verduras tiene una columna amarilla en medio del mostrador y enseguida llega la anécdota. «Tes que poñerlle un espello para ver se temos os labios ben pintados», le espeta otra vecina. «Ramón, agora estás como queres», le comenta otra.

Cuando se queda solo, el dirigente de Apaca se sincera. «Os postos quedaron moi ben, pero o problema é o piso. Supoño que o Concello terá que pedirlle responsabilidades á empresa». Este hombre admite que el suelo es peligroso porque el agua no desagua y se forman pequeños charcos. Ayer el día no ayudó porque por la mañana llovió sin parar. «Outra cousa é un cero en limpeza para a empresa. Os baños están sucios e non teñen cartel», añade Ramón Fresco.

Otra clienta asiente y dice que «esta mañana se cayó la niña de Rosana». No fue el único resbalón. Una florista y una mujer que regenta un puesto de marisco también dieron con sus huesos en el suelo. «Ayer [por el jueves] me caí y tengo la pierna negra», dice Victoria Oubiña, quien, no obstante, apunta que ver la plaza ahora «es una maravilla».

Tere, una de las carniceras, también apunta al lunar del suelo, aunque está contenta con su puesto. De la pared cuelga un bonito reloj. El traslado fue duro y hubo que hacerlo en dos días, recuerda esta mujer que luce el mandil rojo con la imagen corporativa de Apaca. Ironiza con que las pescantinas lo tuvieron más fácil que ellos con las nuevas bancadas, que se sitúan en el centro del edificio.

Una de las personas más críticas es una de las floristas, también directiva de Apaca. «Los puestos por fuera están bien, pero hay muchos fallos. No se puede entregar una obra en estas condiciones. Tenemos que hablar con Juan -en alusión al alcalde de Caldas- porque falta limpieza y el desagüe está mal», remacha. «Ayer [por el jueves] salimos de aquí a las once de la noche para dejarlo todo listo. Pero la empresa ni siquiera limpió los cristales». Pese a todo, ayer no faltó la bendición religiosa de las instalaciones.