Cultura catalogará de nuevo Ballotes y Meadelo, dos cruciales estaciones de petroglifos que agonizan entre cemento y viales
Cuatro mil años después, los estudiosos profundizan todavía en los motivos que llevaron a los pobladores de las Rías Baixas a grabar sobre determinadas rocas círculos, laberintos, cazoletas, animales, puñales y figuras antropomorfas, entre otros motivos. Lo que es seguro es que no lo hicieron para que, con el discurrir de los milenios, sus inscripciones fuesen destrozadas por la apertura de pistas y viales o rodeadas por cemento, hormigón, mascotas saltarinas, viviendas y tendales. Y, sin embargo, esta es la situación en la que se encuentran dos señaladas estaciones rupestres, la de Os Ballotes y O Meadelo, ambas en el municipio de Vilagarcía.
El episodio de abandono clama al cielo, pues se trata de dos de los primeros conjuntos estudiados en Galicia. La profesora de Prehistoria Beatriz Comendador destaca que ilustres investigadores como el alemán Hugo Obermaier o el italiano Emmanuel Annati visitaron y analizaron una serie de grabados a los que Fermín Bouza Brey prestó especial atención. Al erudito vilagarciano se le debe la conservación de una leyenda asociada a la gran laxe de Meadelo, conocida como A Pedra do Encanto. Se dice que en la noche de San Xoán allí establecía su tienda una moura, tentando a los paisanos con una exhibición de objetos de oro y plata.
A principios del siglo pasado, la construcción de la carretera entre Bamio y Catoira se llevó por delante la mayor parte de A Pedra do Encanto. El fragmento que se conserva agoniza todavía allí, en O Salgueiral, a un lado de la vía. Del notable conjunto de inscripciones que sostenía tan solo son apreciables a estas alturas un par de círculos y unas líneas. Sobre ella crecen los líquenes y los postes de un penoso cercado. Para colmo de males, la inminente instalación de aceras en la parroquia podría acabar definitivamente con ella.
En el arte rupestre galaico predominan los motivos geométricos. Existe, sin embargo, una línea de diseños figurativos que otorga a las expresiones líticas de los antiguos gallegos un carácter único, distinguiéndolas del resto de manifestaciones similares que pueden rastrearse en Europa. Se trata, fundamentalmente, de animales cuadrúpedos, siendo los cérvidos los más destacados. Los petroglifos de Os Ballotes ofrecen un ejemplo espectacular. Uno de ellos está representado, incluso, en movimiento. ¿Qué tratamiento se dispensa a tan crucial conjunto? Apenas una triste valla metálica que aísla la parte central del grupo, dejando al resto de las rocas a la buena de dios. En los últimos años, el Concello ha instalado al menos un útil panel informativo. Y la Consellería de Cultura alienta un nuevo proceso de catalogación, protección y puesta en valor de estas piezas. Buena falta iba haciendo.
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