De momento, ni los trabajos de control arqueológico previos, ni las obras en ejecución, hicieron desistir de acudir al Campillo a los asiduos del botellón. Ante la merma de espacio por este motivo o por otros eventos como la reciente Feira Franca, los jóvenes suelen extender su movida a las calles próximas del entorno de Santa María, como Martín Fervén, Formigueira, Tristán de Montenegro, San Telmo y Pratería Vella.
Aunque Guillerme Vázquez evitó ayer un pronunciamiento formal del Bloque sobre la pretensión de eliminar el botellón del Campillo, en las filas nacionalistas se ha comentado en varias ocasiones el temor a que cualquier cambio en la situación actual haga que el fenómeno juvenil de beber en la calle se multiplique y se descontrole. En este sentido, preocupa su posible dispersión por múltiples plazas del casco antiguo como mal mayor del que ahora supone. Esto ya suele ocurrir en las jornadas de peñas de la feria taurina.
Alameda y recinto ferial
Entre los jóvenes que asisten al botellón se ha extendido en las últimas semanas el rumor de que pueda trasladarse a lugares más amplios y despejados de la ciudad como la Alameda o el entorno del recinto ferial de A Xunqueira, una solución que también tendría el riesgo de que creciera la reunión masiva de jóvenes en esos espacios abiertos para consumir alcohol a bajo coste, comprado en tiendas y supermercados, antes e dirigirse a pubs y discotecas, donde las copas son más caras.
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