A la sombra del futbolista de raza

Luis Manuel Rodríguez González
Luis M. Rodríguez OURENSE/LA VOZ.

OURENSE

Nolis protagonizó una época dorada en el Ourense y ahora sigue de cerca los pasos de sus hijos, que comparten vestuario en la Unión Deportiva Barbadás

21 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Pocos futbolistas han dejado tanta huella en la afición del Club Deportivo Ou+rense como Nolis. Manuel Sotelo Iglesias todavía recoge hoy las muestras de cariño de esos pobladores más veteranos de las gradas de O Couto, a las que subió después de trece años de servicios en el primer plantel rojillo. «Solo lo hemos visto jugar en Veteranos, pero cuando nos llevaba a Preferencia a ver al Ourense, todos nos decían que era un luchador y que nunca paraba en el campo» relata su hijo David, el más pequeño de la saga, que a sus 22 años coincide con su hermano Marcos (25) en las filas de la Unión Deportiva Barbadás.

Eran otros tiempos y el mismo Nolis recuerda con especial cariño sus inicios en el desaparecido Sporting Couto: «Comencé de niño en ese equipo, recuerdo que tuve de entrenador a Jorge, al que hoy se encarga del campo, pero entonces jugábamos en terrenos como el del Seminario y el Barbaña, era otra época». En juveniles y, ya en el Pabellón, Sotelo comenzó a protagonizar hitos importantes del fútbol ourensano como el ascenso a la novedosa División de Honor juvenil. «Incluso eliminamos al Celta y como no podía comenzar la Liga sin ellos crearon otra plaza más», señala.

Para su primer año sénior, el Ourense de Delfín Álvarez le abrió las puertas de par en par en la primera plantilla. Eran los años de una Segunda División B de pata negra y el joven apenas notó el salto de Os Remedios a O Couto, porque pronto se convirtió en el jefe de la banda derecha, que dominó desde el lateral a la misma línea de fondo. «Fueron trece años en el equipo, hasta que las lesiones me obligaron a decir adiós», asegura Nolis, que tras un breve paso como delegado del Academia Postal de fútbol sala, regresó a arrimar el hombro con el fútbol de base en el Pabellón.

Desde pequeños aterrizaron también en Os Remedios sus hijos. A nadie escapaba que a Marcos, como a su padre, se le quedaba pequeña la banda -esta vez la izquierda- e incluso lo superó en clase con su golpeo de balón. En cadetes lo reclamó el Real Valladolid y en la ciudad castellana jugó dos temporadas como juvenil, antes de volver a casa, también como su progenitor, al Ourense. Su periplo en el filial terminó con el estreno en Segunda B, antes de salir en dirección al Verín y al Barbadás, donde recaló la campaña pasada.

A Nolis nunca le ha cegado la pasión de padre y, al contrario, sabe se ha pasado de crítico con el mayor: «A Marcos le he dado mucho la paliza porque me pareció que debía hacer más cosas por su calidad, pero lo importante es que disfrute jugando al fútbol como disfruté yo».

David comenzó a despuntar como delantero, pero un problema en los talones casi lo aparta de su deporte favorito. En su afán de superación y pese a una estatura poco apropiada para el puesto, se recicló a portero y terminó siendo el mejor de las categorías de base en Ourense, Trofeo Miguel Ángel del 2007. También debutó con el filial de O Couto, antes de que lo mandaran al Barbadás, donde sigue con su hermano.