El mes de septiembre está de vuelta. Con su llegada, el paisaje urbano ha cambiado considerablemente en los últimos días. Las altas temperaturas de los meses de julio y agosto han dejado paso a un tiempo inestable. Los coches también han vuelto para quedarse. La imagen de las principales vías de la ciudad vacías de automóviles ya son historia.
El primer ejemplo de lo que les espera a los conductores ourensanos lo tuvieron en los dos primeros días de la semana. Jornadas lluviosas y la vuelta de muchos ourensanos al trabajo se han traducido en importantes atascos durante las horas punta en el casco urbano de la ciudad. La circulación ha sido complicado durante la jornada de ayer, especialmente a primera hora de la mañana, en calles como Progreso, Ervedelo, avenida de la Habana, Ramón Cabanillas o Curros Enríquez.
También regresaron los habituales problemas para aparcar en el centro. Con una zona de aparcamiento regulado (ORA) cada vez más reducida por la supresión de plazas y las obras, los conductores tienen que hacer verdaderos encajes de bolillos para encontrar un lugar para estacionar su coche.
El adelanto de las primeras imágenes otoñales no estuvieron solo en las principales arterias de circulación de la trama urbana. Las terrazas se vaciaron como por arte de magia, y los paraguas y los abrigos tomaron el relevo de la ropa de verano. Las precipitaciones, que fueron dispersas durante toda la jornada, alcanzaron apenas los 2,3 litros de agua por metro cuadrado. Se trata de una cifra similar a la registrada el lunes.
A finales de semana, el inicio del curso escolar en la capital ourensana dificultará todavía más la circulación por la trama urbana, especialmente en las inmediaciones de los colegios.