Para las orquestas no hay crisis

OURENSE

10 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Agosto es mes de fiestas. En municipios como A Veiga, por ejemplo, con una treintena de parroquias, tienen festejos todos los días, uno para cada núcleo de población. Los vecinos se organizan en comisiones para recoger dinero de cada familia. En muchos casos, se movilizan para eso pero no para reivindicar que los servicios que les prestan los gestores públicos sean mejorados. Decenas de miles y me atrevería a decir que centenares de miles de euros se gastan cada verano en Ourense para pagar programas de fiestas que, en muchos casos, tienen un escaso seguimiento por parte de los vecinos.

Hay pueblos, sin embargo, donde se ha roto con la inercia de contratar orquestas porque sí. Así, cada vez son más comunes las fiestas gastronómicas o los festivales musicales con grupos locales en lugar de con caras formaciones especializadas en los bolos veraniegos. Son soluciones, todas ellas, bastante más baratas que las orquestas clásicas. Sin embargo, este proceso de cambio hacia un nuevo modelo de festejo se encuentra con más recelos de los que sería de esperar. Y eso que, salvo raras excepciones, casi nadie se lanza a bailar las piezas musicales, siempre copiadas, que ponen en escena las orquestas. ¿No sería más fácil pinchar los discos originales y pagar solo a la SGAE?

Será que la gran puesta en escena, el magnífico vestuario, los envolventes juegos de luces, el sonido depurado y las coreografías tan trabajadas de las orquestas son imprescindibles para disfrutar de la fiesta. Naturalmente estoy siendo irónico ya que -y lo siento por las que sí trabajan el producto que ofrecen- la mayor parte de este tipo de agrupaciones desarrollan sobre el escenario actuaciones musicales llenas de mediocridad.

«He escuchado que hoy actúa tal orquesta en tal pueblo y me voy para allí». Nadie ha escuchado nunca esta frase, ¿verdad? Entonces, ¿por qué sigue derrochándose dinero en ellas?