El rués firma una cinta que recupera, a través de los nietos de algunos de los que vivieron allí, el pasado de Valborraz
21 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Una conversación con una antigua profesora de inglés puso a Felipe Rodríguez Lameiro (A Rúa, 1979) sobre la historia que se escondía en Valborraz, «que yo desconocía totalmente», reconoce. Aquella profesora era la hija de Tomás Terrón Mendaña, que trabajó como profesor en las minas. Años después, el destino (académico) desempolvó aquella vieja historia de su memoria, que se tituló Lobos sucios y que puede verse a través de Internet.
-Estaba haciendo un máster y nos pidieron hacer un documental, así que recordé lo de Casaio. Empecé a prepararlo, pero el fin de semana antes de grabarlo, Tomás murió. Ya tenía documentación y entrevistas, pero me faltaba el protagonista, así que el proyecto se quedó en un cajón.
-Hasta que apareció otro protagonista...
-Sí, varios años después, aproximadamente ocho, decidí hacerlo, pero con la nieta, que yo conocía y que sabía que había hecho algo de teatro. Así que decidí que sería la nieta contando la historia de su abuelo. Y a medida que lo iba preparando, la historia se iba haciendo más rica, porque contacté con el nieto de Miguel Cardeñas, un represaliado cuyo cadáver fue el primero que se levantó con lo de la recuperación de memoria histórica. Así que decidí hacerlo con los dos. La confrontación de los dos nietos es la historia principal, porque cuenta la historia de los alemanes y después, la historia de los presos políticos de la posguerra.
-¿Y cómo fue el encuentro entre los protagonistas, nietos de los que en otros tiempos estuvieron en bandos diferentes?
-El encuentro fue muy bien. En el caso del nieto de Cardeñas, se quedó impresionado al llegar al lugar, porque no sabía nada del paradero de su abuelo. Pero luego, juntos, bien. A nuestra generación nos parece muy lejano el tema de una guerra. Fue una reflexión de que las cosas viene bien hablarlas, para no volver a repetir los errores de pasado.
-Hay una importante parte de documentación.
-Ahí contamos con la colaboración del historiador valdeorrés Isidro García Tato, que tenía documentación de la cárcel, con fichas de todos los presos. Hubo 462 presos en Valborraz, los presos políticos de la posguerra. De Cardeñas incluso teníamos la orden de su ejecución, aunque casi todos se morían de silicosis.
-También se habla del estraperlo que había en las minas.
-De hecho, lo más brutal del documental fue Manuela Valle, una de las últimas mineras que todavía estaban vivas. Había trabajado allí y contaba lo del estraperlo, que la gente vivía de eso, contaba los contactos con los guerrilleros... Era la supervivencia de la manada, que ella contaba pero que muchas otras personas no quisieron contar por miedo. Sí habló Manuela, que no pudo ver el documental porque se murió antes del estreno, pero a sus nietos le gustó mucho, porque reconocían que no sabían casi nada de toda la historia.
-¿Quedan cosas por contar sobre las minas de Valborraz?
-Estamos dándole vueltas porque queríamos hacer un proyecto de mujeres mineras que trabajaron allí. Hicimos un guión de ficción basándonos en Manuela Valle, pero todavía está en el cajón... Quizás algún día pueda abrirse, porque es una historia increíble.