El desprendimiento de una escombrera sepultó varias edificaciones del antiguo poblado de Carballeda
Entre todos lo mataron y él solo se murió. El dicho popular bien valdría para ejemplificar lo sucedido con el poblado de las minas de Valborraz, en Casaio (Carballeda de Valdeorras) en las últimas semanas, consecuencia de lo arrastrado durante años, incluso décadas.
Al poblado que daba cobijo a los trabajadores de la mina de wolframio en una primera época y a los represaliados de la guerra después, lo empezó matando el abandono. Los últimos moradores se fueron de allí por 1963 y se abrió entonces la veda. Los saqueadores comenzaron a visitar Valborraz para llevarse todo aquello que no habían querido sus propietarios. Muebles, ventanas, contras e incluso cristales fueron desapareciendo poco a poco, hasta dejar prácticamente nada en el lugar más que paredes desnudas y tejados. Después se unió el tiempo. Los años fueron pasando y las paredes se desconcharon, las maderas cedieron, la pizarra de las cubiertas se fueron moviendo... La soledad no es buena para la construcción. Y la soledad se fue agudizando a medida que se abrían canteras en la zona, que dejan inutilizada la carretera para los turismos buena parte del año. Los surcos dejados por los volquetes que transportan el rachón hacen inviable desplazarse en coche, salvo que sea un todoterreno (y aún así, hay momentos en los que no resulta fácil, sobre todo si se forma barrizal por las lluvias o el suelo se congela bajo la nieve). Y después llegó el desastre natural. Una escombrera de pizarra que se ve a lo lejos y que todavía se escucha rugir porque se sigue moviendo, provocó una riada montaña abajo que, siguiendo el cauce del río, abrió una «calle» por medio del poblado. En su camino sepultó varios barracones y dañó algunos más, otorgando a la zona un color a asfalto donde antes había maleza. De paso, también cambió el cauce del río, que ahora busca su propio camino como puede entre las piedras, dando al suelo una inconsistencia que provoca que el caminante se hunda en algunos puntos. ¿Y cuándo sucedió? Eso nadie parece saberlo. Lo máximo que la gente se atreve a dar son fechas aproximadas, y es que Valborraz no está precisamente a pie de carretera y llegar es tarea complicada, especialmente en invierno. Es por ello que fuera de la época estival no suelen acercarse hasta allí más que los cazadores. Y precisamente a ellos es que aluden los vecinos para tratar de marcar una fecha aproximada. «Tivo que ser antes de Nadal, porque estaban coa temporada de caza, que rematou o 7 de xaneiro. Os cazadores que foron por alí antes, porque despois nas festas a pista estaba case pechada, din que xa se vía que a escombreira se movera algo», cuenta uno de los vecinos de Casaio.
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