Bancos públicos, aspersores de riego, automatismos instalados en zonas públicas, papeleras, farolas, contenedores, cristales, barandillas... La lista de objetos que forman parte del mobiliario urbano y cuya destrucción se ha convertido en la distracción favorita de algunos es tan larga que prácticamente afecta a todo lo que hay en la calle. Asegura Espinosa que cada año más de un centenar de contenedores sufren desperfectos de algún tipo por el vandalismo, por lo que es necesaria su reparación en el tallehr y, en algunos casos, su sustitución. Explica el edil que cambiar una papelera cuesta más de 100 euros y que reponer un banco nunca baja de los 200 euros. «Y todo ello hecho por personal que, mientras hace ese trabajo, deja de hacer otro para la ciudad», recuerda.
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