La sustitución del mobiliario dañado debido a las gamberradas supone cada mes entre 3.000 y 5.000 euros
Apelar al civismo. Es lo único que les resta a los responsables municipales de Ourense, que ven como cada fin de semana los daños al mobiliario urbano se suceden en cualquier parte de la ciudad. Sin ir más lejos, el pasado domingo los agentes de la Policía Local identificaban a un joven de 23 años, vecino de Cenlle y con iniciales D. F. C., como presunto autor de los daños registrados en dos metros de balaustrada de la calle Avilés de Taramancos, en la orilla del Barbaña.
La colaboración ciudadana, en este caso el aviso de un particular que llamó a la Policía Local, ha sido fundamental para dar con el sospechoso, al que ahora se reclamará el pago de los daños que causó. Sin embargo, no siempre se logra dar con el autor de la gamberrada y prueba de ello es que los actos vandálicos causan cada año a las arcas municipales gastos de unos 60.000 euros, según confirmó ayer mismo el concejal de Medio Ambiente, Demetrio Espinosa. Asegura el edil que se trata de una cuantía «muy alta para una ciudad como Ourense» que, advierte, «debería hacernos reflexionar».
Y es que cada mes es necesario sacar de las arcas públicas ourensanas, entre tres mil y cinco mil euros para sufragar las reparaciones en daños materiales causados al mobiliario público. Explica Demetrio Espinosa que la cifra varía mucho según la época del año y que en los meses de verano, los más castigados por el vandalismo, la cifra de daños puede incluso superar los 5.000 euros, provocando que, anualmente, este capítulo suponga un coste a todos los ourensanos de unos 40.000 euros.
La cosa no se queda ahí porque a los gastos en reparación o sustitución de material hay que sumarle el que supone limpiar las pintadas que suelen aparecer con demasiada frecuencia en lugares públicos y fachadas de edificios. Este capítulo supone anualmente un gasto de unos veinte mil euros.
Zonas castigadas
Respecto a las zonas en las que más se suceden los actos vandálicos, Espinosa asegura que no siempre los lugares más visitados son los más castigados por el incivismo. Recuerda, en este sentido, que pese a ser un parque en el que se hace botellón, el de la Alameda no es de los más dañados de la ciudad.
Cuestión aparte son los paseos fluviales, los baños públicos y las zonas termales, en las que los actos vandálicos han causado numerosísimos y en algunos casos cuantiosos estragos. «También se producen daños en parques alejados del centro o en zonas infantiles», asegura Espinosa, que considera que, en general, «el centro de la ciudad está muy castigado».
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