| Taberneros y pulpeiras hacen balance del traslado por las obras en el recinto ferial
Cada uno habla de la feria según le va en ella. La sabia reflexión popular que ha pasado de generación en generación se ha vuelto a cumplir en la feria de la capital. Cuestionados, pulpeiros y taberneros sobre cómo sobreviven al exilio de Oira, cada profesional hace una valoración diferente. Separados por escasos metros, unos aseguran que las ventas han bajado hasta en un 50%, mientras que otros afirman que «case preferíamos quedar xa aquí, porque vendemos o mesmo».
Más allá de valoraciones particulares, entre los asistentes a la feria de la capital ourensana se vive una sensación de hastío por la prolongación de las obras, que duran ya más de nueve meses -dos más de los previsto inicialmente-. A la espera de la vuelta a las riberas del Miño, en un espacio reformado y que dejará atrás la etapa anterior de degradación, cada vendedor capea el temporal como puede. Hay quienes optaron por darle la espalda a la propuesta de Oira, y se mantuvieron invariables durante los nueve meses en su postura de no acudir a este recinto.
En su particular exilio, taberneros y pulpeiras las han visto de todos los colores. Desde el accidentado primer día, con una tormenta primaveral que inundó los puestos y causó las protestas de los vendedores a la concejala de Comercio, hasta las temperaturas extremas que tuvieron que soportar a la ribera del Miño, en los meses de verano e invierno.
Ayer, no fue precisamente un buen día para el negocio, según indicaron los taberneros y las pulpeiras.
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