La cita de ayer ya se ha convertido en una tradición en el colegio Carmelitas de la capital. La actividad denominada Bocadillo solidario reúne todos los años a la mayoría de los alumnos del centro al mediodía en el patio del colegio. Por un día, cambian el menú tradicional del centro: dos platos y un postre, por un bocadillo. Eso sí, igual de sabroso. El dinero que los alumnos pagan por los bocadillos tiene un destino muy especial. De la mano del departamento de pastoral del colegio, los escolares ponen su grano de arena en distintos proyectos en marcha en países del tercer mundo. La alegría de los niños inundó ayer todo el centro educativo. Simplemente el hecho de compartir una jornada especial con sus compañeros y aún encima saber que lo que están haciendo puede tener efectos muy positivos para otros niños en varios países del mundo son razones más que suficientes. Incluso algún escolar prefirió el bocata que el plato con cuchara y tenedor. Junto a los pequeños también estuvieron los profesores. Ellos fueron los encargados de controlar que todos los niños tuvieran sus respectivos bocadillos y se unieron a la celebración, para dar ejemplo.