Carlos Vello se interesa por todo. Igual por las cosas del casco histórico, donde nació y donde tiene su estudio, como por estar al día con las nuevas tecnologías, pero, advierte él, sin renunciar a la historia, a lo básico y al arte como razón de ser.
«Lo que me gustaría es llegar a pintar como Velázquez pintó Las Meninas, una obra genial que fue pintada sin esfuerzo, sin una previa composición, de forma espontánea. Partiendo de la base de que todo estilo es una representación del infierno, la práctica continuada de una manera de pintar, esculpir, tocar un instrumento, o interpretar una partitura, escribir un libro, o proyectar un edificio, es lo que se define como estilo. El valor artístico de una obra no reside solo en eso».
Así es Carlos Vello en estado puro. «Cualquiera puede encontrar cotas de esplendor, rayando lo divino, encontrar unas formas por las cuales lo reconozcan los comentaristas, pero eso nada tiene que ver con el valor de la obra de arte realizada, es simplemente una virtud de la plástica, igual la pintura como la escultura. La grandeza de arte se apoya en la coherencia, comunicación y unidad de las estructuras compositivas, los elementos formales, interés intrínseco y unas referencias muy concretas para comunicar y emocionar al espectador». Tal cual.