El secreto revelado de la luz

X. M. R.

OURENSE

Antonio Salas comparte con su hijo Pablo su devoción por la fotografía. El padre colgará la cámara a finales de 2009 tras casi 45 años como profesional

26 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El destino es caprichoso. Se cruza a menudo en la vida de las personas y acaba marcando su historia. Y Antonio Salas puede dar buena cuenta.

Era la década de los 60 cuando aquel joven que trabajaba de delineante elegía Cuatro Vientos para hacer la mili. No era una decisión casual «ya que allí estaba el servicio de Cartografía» y Antonio Salas quería aprovechar esa oportunidad para perfeccionar su trabajo en delineación. Pero en Cuatro Vientos también había una Escuela de Fotografía «y empezó a gustarme más la fotografía que la cartografía y allí comencé». Y hasta hoy, ya que tras tres años de mili regresa a Ourense y ya empieza su trabajo como fotógrafo en el año 1965.

Borrar edificios oficiales

De sus años en Cuatro Vientos recuerda como anécdota que «allí se hacían las fotografías aéreas para toda España. Entonces no era como ahora, que pides un permiso, te vas con una avioneta y fotografías lo que quieres. Entonces las fotografías aéreas sólo se hacían allí y lo primero que aprendías era a borrar los edificios oficiales. Se hacían desaparecer y se dibujan arboles». De manera especial guarda en su memoria una ocasión en la que encargaron una fotografía para Ourense «y me ofrecí yo de voluntario para hacer el trabajo y tuve que borrar el Gobierno Civil».

De su juventud rescata «la gran contribución de Sanjurjo a la fotografía en Ourense. Allí íbamos, como otras pandillas, y dejabas el carné y te alquilaba una cámara de fotos para el fin de semana. Volvías el lunes, entregabas la cámara y te devolvía el carné. Entonces nadie tenía cámara».

Cuando Antonio Salas regresó de la mili daba clases en Emigración y tiraba sus primeras fotografías a emigrantes. Y en el mismo edificio, en Bedoya 7, abría Foto Film. En estos 44 años de oficio las cosas cambiaron «desde entonces, que revelabas en la bañera, a ahora, que lo tienes todo en una tarjeta». Salas decidió iniciar el relevo generacional hace tres años y se desvinculará de la actividad al final de este ejercicio. Y pondrá fin a una carrera profesional en que ha hecho de todo «desde los reportajes de toda la vida, al trabajo para prensa, patrimonio, fotografía médica -hacíamos las operaciones de la Residencia-, hasta documentar paso a paso la construcción de la cárcel de Pereiro».

Antonio y Pablo se complementan como un engranaje perfecto: el padre asume que el ordenador no es lo suyo y que optó por quedarse en el analógico, dejando para Pablo la fotografía digital. El hijo creció en el oficio: de crío controlaba el revelado en el cuarto oscuro, movía cubetas y asistía al momento mágico en que la luz escribe en el papel. A los 8 años ya ayudaba a su padre con el segundo flash en las bodas, y después vino la fotografía, mucho vídeo y, en la actualidad, la fotografía digital.

Pablo Salas reconoce que los tiempos han cambiado en la profesión en todos los aspectos: «En los 80 los fines de semana eran demoledores, enganchabas una boda con otra y sólo podías descansar, a veces, el domingo por la tarde». La profesión cambia a un ritmo vertigionoso con la era digital, aunque Pablo Salas cree que «al principio fue un cambio brusco pero ahora se lleva mejor».