Un incendio declarado el domingo por la tarde en el municipio de O Courel y que no había podido ser extinguido revivió ayer y continuó propagándose por el valle del río Lor, una de las áreas de mayor interés ambiental de la célebre sierra lucense. El fuego obligó a movilizar numerosos medios terrestres y aéreos en una zona de difíciles condiciones orográficas. Según las cifras provisionales de la Consellería do Medio Rural, afectó a unas 66 hectáreas, de las que un 90% serían de monte raso y el resto de pinos y árboles frondosos. La consellería afirma que hay indicios de que el incendio puede haber sido intencionado. El fuego fue controlado hacia las 19.30 horas, pero los trabajos de extinción continuaron durante todo el día y por la noche.
Entre las consecuencias del siniestro figura también el accidente sufrido por el conductor de una de las motobombas que participaron en la lucha contra el fuego, quien resultó herido al precipitarse con el vehículo por un terraplén, aunque su estado no reviste gravedad, según informó la Xunta. El accidentado, adscrito al servicio de extinción del vecino municipio de Ribas do Sil, fue trasladado al hospital de Monforte para ser atendido de sus heridas. El vehículo quedó inutilizado.
Por otra parte, el incendio afectó a las líneas eléctricas y telefónicas, privando de comunicación a Folgoso, la capital del municipio, y de corriente a Seoane, la segunda localidad más importante de la zona. Asimismo, ocasionó varios cortes de tráfico en la carretera LU-651, que une estas dos localidades, y se aproximó el domingo por la noche a unos cuatrocientos metros del pueblo de Ferreirós de Abaixo, aunque ese frente fue atajado antes de que se acercase más a las casas.
Relieve accidentado
El incendio, según indican diversos testimonios, se originó hacia las seis de la tarde del domingo en las cercanías del cauce del Lor -en su margen izquierda- y se extendió por una zona de relieve muy accidentado junto a las aldeas de Ferreirós de Abaixo y Ferreirós de Arriba. La intervención de los equipos antiincendios se llevó ayer a cabo en tres áreas diferentes y buena parte de sus esfuerzos se centraron en impedir que el fuego -que atravesó dos carreteras asfaltadas- se propagase a la margen derecha del río, ya que llegó prácticamente hasta la orilla. La densa vegetación y el terreno escarpado hicieron que resultase difícil apagar los pequeños focos que iban apareciendo en diversos lugares. Los helicópteros y aviones que se encargaron de arrojar agua para apagar las llamas y refrescar la vegetación de las laderas se vieron obligados a realizar complicadas maniobras en el estrecho y elevado valle fluvial, envuelto en una humareda de grandes dimensiones.
En los trabajos de extinción de la jornada de ayer tomaron parte en total 15 aeronaves -entre helicópteros, hidroaviones y aviones de carga en tierra-, 17 motobombas, tres palas excavadoras y el personal de 41 brigadas procedentes de diversas zonas.