Un médico de origen gallego deja un acomodado trabajo en Valdeorras para ejercer de cirujano en Kabul
22 jul 2008 . Actualizado a las 10:44 h.Hace trece meses Jorge Antón Lugo (Ciudad de México, 1968) decidió echar el freno y se instaló en O Barco junto a su mujer, Melinda. Llegaba al oriente ourensano para trabajar como cirujano en el hospital comarcal y llevar una vida acomodada que en unos días abandonará para irse durante seis meses a Afganistán como cooperante. «Era mi segundo intento por parar y asentarme, pero me he dado cuenta de que esta es mi verdadera pasión», asegura.
Una decisión que no todo el mundo comparte. «A mi familia no le gusta. Y yo lo entiendo», reconoce. «Pero lo van asumiendo», añade. Más sencillo es con sus amigos. A alguno incluso le ha contagiado el gusanillo de la cooperación. Y perfecta es la sintonía con su mujer, una estadounidense a la que conoció en una de sus misiones, durante el conflicto zapatista de Chiapas. «Eso hace las cosas mucho más fáciles», dice. «Tratamos de hacer proyectos juntos», asegura Antón, que en esta ocasión viajará solo.
Heridos de guerra
Serán seis meses en Afganistán, concretamente en un hospital en Kabul. «El más potente en cuanto a cirugía de emergencia», explica; con unos datos que cifran en 2.000 las operaciones anuales, «y de las que la mitad son a heridos de guerra». Un trabajo duro para el que, asegura, no existe preparación psicológica. «A veces te cansas, agobias y frustras. Y quieres parar -añade-, pero es maravilloso ver que tu trabajo sirve para ayudar a mucha gente», aunque reconoce que «no es para todo el mundo».
El cambio también se produce en el día a día de Antón. De una vida acomodada en Valdeorras, en apenas dos semanas pasará a una rutina «de casa al hospital y del hospital a casa», explica. «Aparcas tu vida», sintetiza. Pero dice no sentir miedo por su seguridad: «No somos el objetivo prioritario en un ataque».
12 años cooperando
Será su misión número 14 en 12 años como cooperante que le han llevado a lugares en conflicto como Colombia o el sur de Chile. Un trabajo al que llegó después de especializarse en «lo que en Europa se conoce como cirugía de guerra», explica. «Eso despertó en mi una conciencia social que hizo que buscara este tipo de trabajo».
Días atrás le tocó empaquetar sus pertenencias. «Pocas, he aprendido a no ir acumulando cosas», aunque reconoce que va repartiendo objetos por las casas de sus familiares y amigos. El día 1 pondrá rumbo a Milán para unirse a la ONG Emergency, encargada del proyecto en Afganistán. Después regresará a casa un mes. Pero, ¿dónde está su casa? «Desde hace años no lo sé -explica-, entre Galicia (donde están mis raíces), Ciudad de México (donde están mi familia y mis amigos) y Estados Unidos (donde están la familia y los amigos de mi mujer)». ¿Y después? «Espero que a partir de ahora se empalme un proyecto con otro», dice, sin importante cuál sea la ONG promotora (ha trabajado con Cruz Roja y Médicos sin fronteras y Médicos del mundo, entre otras).
Sin jubilación
Aquí deja amigos y promete volver. «En cuanto al estilo de vida estoy feliz aquí», dice. «Me encanta el entorno. La Galicia rural es algo que me ha llamado mucho. Y la gente es increíble, todavía es muy humana». Por todo esto, «volveré», dice, «porque es mi cuna, mi origen». Sus padres son de Avión «y veranean en O Carballiño».
Quizás cuando se retire. Si es que lo hace. «Conozco gente que ha acabado asumiendo puestos más administrativos en las sedes, pero no creo que a mi me gustara», dice. Y pone como ejemplo a otro cooperante con el que trabajó en varias misiones. «Tenía 73 años y seguía cooperando, ¿porqué yo no?».