Al calor del seno materno

Laura Enríquez

OURENSE

Arturo Baltar contribuyó, echando mano de la destreza escultórica que le caracteriza, a la creación de un auténtico parque de esculturas en la zona recreativa del Miño, dando vida a una obra titulada sirena amamantando a un hijo que corona una de las fuentes de dicho parque.

Este escultor ha mantenido a lo largo de su trayectoria artística su fidelidad al barro con el que ha logrado un mundo propio de intimidad y ternura a partir del entrañable románico del país. Los dedos de sus manos son las únicas herramientas que precisa para delinear sus obras marcadas por una deliberada humildad a conjunto con su propia personalidad. Comenzó modelando pequeñas piezas o conjuntos de ellas, anticipo de los complejos retablos que había de realizar más tarde, con escenas imaginarias o vividas, religiosas o profanas. Peregrinos, mendigos, cantores de panxoliñas, son su mundo, lleno de ternura y de espíritu franciscano. Un artista que vive a caballo entre la emoción y la tristeza.