Campobecerros recupera la historia de los carboneros

Xosé Lois Colmenero

MONTERREI

Más de un centenar de personas participaron en la primera ruta que sigue el camino de los fabricantes de carbón

25 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

En la praza do Concello de Verín son las 8.30 de la mañana. Seguramente, Amaya Álvarez, la cara más visible de la Asociación Ruta das Augas, no se esperaba tan magnífica respuesta a su primera gran convocatoria. Alrededor de 120 personas completaron los dos autobuses que se vio obligada a fletar para llegar a la localidad de Campobecerros, en Castrelo do Val, punto inicial del formidable y cómodo (para algunos) recorrido fijado en esta «I ruta de Os Carboeiros», que obligó a no pocos avezados a estas lides a arrastrar su lengua por buena parte del trazado. El grupo inició la jornada dominical con una ilustrativa charla de cómo antaño se preparaba el carbón que los lugareños transportaban hasta el valle de Monterrei.

Como el proceso podía durar días, Santiago y Darío Alonso, acompañados de Juan y Antonio Fernández (los cuatro docentes por un día), se afanaron el sábado para quemar los torgos y preparar la poza en la que cocería el carbón. El domingo, pasadas las nueve y media, comprobaron el resultado y mostraron al centenar de presentes el resultado de una faena que décadas atrás constituía una de sus principales fuentes de ingreso. El aplauso de todos, incluido el alcalde de Castrelo do Val, Vicente Gómez García -uno de los principales colaboradores de esta jornada-, puso fin al recuerdo y propició la salida de la marcha.

Entre el grupo se encontraban no pocos atletas consumados en estas pruebas, que impusieron, hasta Pena Nofre, un ritmo llevadero para ellos pero verdaderamente insoportable para el personal que, como quien suscribe, goza de una mejorable forma física. El par de plátanos reparadores llegados a la cima mejoró la apariencia de la mayoría, aunque los trece mil metros de descenso y el saberse conocedores de una comida popular y gratuita también contribuyeron al incremento del ritmo.

Coser, cantar y dos horas y media después comer resumen el descenso, aunque hubo, como el señor Julio, quien se tomó la bajada con idéntica parsimonia a la subida. Llegó este octogenario perfectamente pertrechando y con la pipa ya apagada, pero lo hizo poco antes de que el centenar de bocas hambrientas comenzasen a devorar empanada, embutidos, croquetas y queso.

Faltó el licor café en un ágape agradecido por todos, pero no el sorteo de premios, el amplio y reconocido agradecimiento a los Concellos de Verín y Castrelo -pendiente de todo de principio a fin- y las ganas de embarcarse, dentro de quince días, rumbo a Las Médulas.