El ministro de Economía, Luis de Guindos, expuso ayer las duras directrices a las que tendrán que hacer frente a partir de ahora las entidades financieras españolas. Se trata de una nueva vuelta de tuerca que solo beneficia a la gran banca, perjudica a la mayoría de las instituciones y, sobre todo, ataca a los particulares y las empresas.
Empecemos por el final. Dijo el ministro que el objetivo principal de esta reestructuración es el flujo del crédito. No lo habrá. Si una entidad tiene que provisionar en un 80 % del valor del suelo que tuvo que comerse, el 65 % de las promociones en curso que se adjudicó y el 35 % en pisos acabados, además de reservar un 7 % de los créditos a promotores corrientes de pago, ¿usted cree que al banco le quedará dinero suficiente como para llenar de liquidez el sistema? Además, si su banco tiene que fusionarse con otro y eso conlleva separar unos cuantos millones de euros para hacer frente a las indemnizaciones de más despidos (todos los de la sede central de la entidad perdedora) y el cierre de oficinas (hay quien calcula que el excedente es un 20 % en toda España), ¿usted cree que el director de su oficina estará dispuesto a darle un nuevo crédito?
Con la reestructuración vuelve a salir ganando la gran banca, que al multiplicarse los procesos de fusión forzosa logrará una cuota de mercado en España con la que jamás soñó. (¡Buen incentivo para las dos primeras instituciones españolas hacerse con una cuota de mercado del 42 % en Galicia a precio de saldo!).
Provisione, provisione, provisione. Es la palabra que resume la orden a ejecutar y que forzará la salida de miles de pisos y muchos metros cuadrados de suelo de las contabilidades de las entidades al mercado a un precio mucho más reducido, al que precisamente marque el mercado. En este punto sí tiene razón el ministro. Saldrán mucho más baratos, y el poco crédito que la entidad pueda y quiera dar lo canalizará para la compraventa de estos inmuebles rebajados. Rebaja, por cierto, que en mayor o menor medida también se aplicará al patrimonio inmobiliario de las familias.
Tras esta nueva vuelta de tuerca, Novagalicia Banco asegura que sigue defendiendo su proyecto. Liderar un banco con sus bases en Galicia, sólido, con futuro, rentable pero no exento de riesgo. Esta es su (pen)última oportunidad. Otros se diluyeron antes y ya no juegan. Galicia necesita músculo financiero propio.