La censura franquista no dejó llegar el texto a la imprenta en su primera intentona y por eso Cela se largó con su manuscrito bajo el brazo a Argentina
01 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Tuvo que ser en Buenos Aires, refugio y santuario de la literatura española durante la larguísima posguerra, donde vio la luz, hace ahora sesenta años, en febrero de 1951, La colmena, la gran novela coral de Camilo José Cela (Iria Flavia, Padrón, 1916-Madrid, 2002). La censura franquista no dejó llegar el texto a la imprenta en su primera intentona y por eso Cela se largó con su manuscrito bajo el brazo a Argentina, donde lo publicó el prestigioso sello Emecé Editores. Los lectores españoles, salvo los que consiguieron el libro por los truculentos canales alternativos, tuvieron que aguardar más de cuatro años, hasta octubre de 1955, para leer la narración de Cela en la segunda edición, de la casa barcelonesa Noguer, con las maravillosas ilustraciones de Lorenzo Goñi que se mantuvieron en las siguientes versiones.
En su Nota a la primera edición, el narrador despacha sin mayores detalles el hecho de tener que publicar en Buenos Aires su texto: «Mi novela -por razones particulares- sale en la República Argentina; los aires nuevos -nuevos para mí- creo que hacen bien a la letra impresa». Las razones eran ciertamente de propiedad particular, pero no del autor, sino de los censores, que no vieron con buenos ojos que parte de la trama transcurriese en una casa de citas ni mucho menos el retrato nada amable (aunque sí entrañable) que dibuja Cela del gris Madrid de 1942, una fiel estampa de la cruda posguerra española. «Una humilde sombra de la cotidiana, áspera y entrañable y dolorosa realidad», sentenciaba entonces el escritor.
Como recuerda el historiador Carlos Fernández en su Bibliografía básica de Camilo José Cela, el prosista gallego ya había tenido un fuerte encontronazo con los funcionarios del régimen al publicar La familia de Pascual Duarte. «Tuvo numerosos problemas con la censura de la época. El libro de Justino Sinova La censura en la España franquista transcribe una carta de un alto mando del Ministerio de Información en la que señala que dicha obra, ?nauseabunda y siniestra?, le había impedido dormir durante varias semanas».