El reputado organista y clavecinista dirige al frente de su orquesta el concierto de clausura de la quinta edición del Festival de Música Vía Stellae
26 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El descubrimiento de escuchar música que no se conoce, pero que tiene varios siglos de existencia, ha revitalizado el repertorio barroco, la música antigua, un calificativo que quizá cause más de un rechazo por prejuicios hacia la palabra. El maestro italiano Andrea Marcon habla de esta nueva vida del Barroco con la propiedad que le da ser uno de los más prestigiosos intérpretes de órgano y clave, y el fundador y director de la internacionalmente reconocida Orquesta Barroca de Venecia, con la que el día 28 clausurará el Festival Via Stellae. Con esta formación protagonizó la pasada semana dos de los más ovacionados programas del certamen, primero con la ópera en versión concierto Orlando el furioso , de Vivaldi, y después con un recital de arias de Haendel, Vivaldi y Geminiani.
-¿Por qué sucede cuando a Haendel y Vivaldi los conocemos todos, aparentemente?
-Sí, aparentemente, porque de Haendel hay más de 40 óperas y no digamos de la obra de Vivaldi. Es complicado conocer toda la música que se escribió en el Barroco, no está editada toda en disco. Es un continuo descubrimiento, pero también para nosotros, para los músicos, no solo para el público.
-¿Puede ser una reacción a la creación contemporánea?
-Creo que el Barroco, por el hecho de que no estaba tan divulgada, ahora es la música más actual, porque es también muy moderna, tanto que casi ha ocupado el puesto de la contemporánea. Esto es muy curioso, pero en todo caso creo que la contemporánea debe proseguir su camino, porque es muy importante, aunque sin ninguna duda la barroca tiene la misma fuerza que la de creación actual, debido a que no se conocía en toda su amplitud.
-¿Explica su gran vitalidad?
-Sí, y porque su interpretación no es convencional, porque si bien tiene sus reglas y sus normas, es muy libre, no es una música muerta, no puede sonar encajada, contenida, porque si fuera así estaría muerta. Tiene una vitalidad, una fuerza y una energía increíbles, que precisa de los más grandes cantantes y virtuosos, los mejores intérpretes. Y la orquesta no puede dormir, no puede estar pasiva. Por eso tiene esa componente contemporánea, porque es progresista.
-¿Por eso creó la Orquesta Barroca de Venecia ?
-Mi sueño era crear una orquesta barroca amplia en Venecia. Tuve un grupo de cámara, que formé en 1980 con siete músicos, y después de 17 años quería hacer las óperas barrocas, la gran obra coral de Bach. El área del Véneto tiene una tradición violinística muy fuerte, una escuela de arco muy importante ya desde la época de Vivaldi.
-¿Cómo analiza su participación en el contexto del Via Stellae?
-Sin ningún lugar a dudas es uno de los festivales más importantes que se celebran. El programa es increíble no solo por el número de conciertos, sino por la calidad de los intérpretes. Ha ido creciendo cada año. Para mí es un placer haber participado todos estos años, aunque la primera vez que vinimos aún no existía este festival, fue en la temporada del Auditorio. En esta edición estamos con tres programas muy diferentes. Orlando el furioso es una ópera de Vivaldi muy difícil, que necesita siete solistas de un nivel extremo, con arias de una coloratura casi imposible, y al mismo tiempo tiene otras de un lirismo enorme. Es raro escuchar un Orlando como el que se hizo aquí, y la respuesta del público fue magnífica. El recital con la contralto Marie Nicole Lemieux resultó otro éxito, y en el concierto de clausura tendremos a la mezzosoprano Magdalena Kozena, una artista a la que admiro mucho, con la que resulta muy fácil trabajar, porque es una solista a la que le encanta compartir la música, de las que no se aíslan, que aman compartir la música con la orquesta, conmigo, con el público, que es como se debe hacer la música de cámara.
-¿No siempre es así?
-Con demasiada frecuencia hay solistas que prefieren comer solos, musicalmente hablando. Y eso es brutal, es como cantar sobre la música de un cedé. Lo bueno es compartir la música, comer juntos, para que fluya.