Rodrigo Cortés: «Soy gallego y me acompaña una mala leche lúcida en los diálogos»

CULTURA

El director Rodrigo Cortés dice que su segundo largometraje, uno de los más aclamados en Sundance, «es una experiencia física y sensorial» de máxima tensión

02 feb 2010 . Actualizado a las 10:51 h.

Ver a las grandes distribuidoras de cine americanas pelearse por su trabajo debe ser el sueño de cualquier cineasta novel. El autodidacta Rodrigo Cortés (Pazos Ermos, Ourense, 1973) ha visto cumplida esa quimera entre los hielos del festival de cine independiente de Sundance, donde su película Buried (Enterrado) fue la gran sensación. La compañía Lionsgate cerró con ella la operación más elevada del certamen en los últimos años y el público le tributó encendidas ovaciones. La cinta, de producción española, es de las que pegan al espectador al asiento desde el minuto uno. Un transportista que trabaja en Irak despierta enterrado vivo dentro de un ataúd sin nada más que un mechero y un móvil con poca batería. El oxígeno se agotará en 90 minutos.

-Nacido en Ourense, pero criado en Salamanca. ¿Cuál es su relación con Galicia?

-Soy gallego. Mi madre lo es, y se empeñó en que yo también lo fuera: viajó expresamente a Pazos Ermos para tenerme allí, así que no hay escape. Supongo que me acompaña una especie de mala leche lúcida que acaba destilándose en forma de diálogos.

-¿Cómo ha sido la experiencia en Sundance?

-Extraña, calmada, intensa, muy fría, por el tiempo, y muy cálida, por la gente.

-¿Qué sintió al ver que las grandes distribuidoras del cine americano se subastaban su trabajo?

-Me giré hacia atrás pensando que se referían a otro. Fue agradable, supongo, pero lo viví como si le estuviera sucediendo a otra persona.

-Su anterior filme, «Concursante», fue premio de la crítica en Málaga, pero obtuvo escasa repercusión en las taquillas. ¿Siente que casi lo han descubierto antes como director en Estados Unidos que en España?

-No tengo una opinión demasiado formada al respecto. Supongo que es más fácil destacar entre la nieve.

-El planteamiento del filme es impactante: un hombre enterrado vivo dentro de un ataúd con un teléfono móvil que agoniza. ¿Qué dificultades encontró para desarrollar la trama con un único actor y un escenario reducido a la mínima expresión?

-Todas. Esta es una película que ha sido llevada adelante en contra del sentido común. Pero nunca contemplé las limitaciones, viví el desafío como un regalo para un director.

-Con solo esos dos elementos, parece teatro dentro del cine.

-En absoluto. La meta era lograr una pieza absolutamente cinematográfica, con gran poder cinético. Impactante, dinámica y poderosa, explotando todos los recursos del mago para introducir al espectador dentro del cerebro del protagonista. Buried es una experiencia física, sensorial.

-Supongo que esta no será una película apta para claustrofóbicos.

-Ni para asmáticos. Aunque Ryan Reynolds lo es. Lo cierto es que la gente se está llevando una sorpresa, porque Buried no es una película de terror, sino una carrera contra el tiempo, un thriller de máxima tensión. Las uñas desaparecen como el hielo en primavera.