El empresario irlandés Vince Power, nuevo propietario del Festival Internacional de Benicasim, ve inevitable que este certamen, para que siga siendo rentable, tenga una cita gemela y simultánea en otra parte de España, aunque sin repetir el «error» cometido en el 2008 con el madrileño Saturday Night Fiber. Power es el responsable de algunos de los festivales más importantes de Gran Bretaña, como el de Glastonbury, y el mes pasado oficializó su nuevo papel de propietario del FIB Heineken tras comprar Maraworld.
«El barco sigue aquí pero con distintos capitanes», ironiza Power sobre el futuro del FIB, un festival en el que participa desde el 2006 y del que quiere mantener su formato y perfil sociomusical: público joven, interesado en la música alternativa o independiente de estilo anglosajón y con ganas de disfrutar de la playa y las actividades extramusicales. Tras valorar la respuesta del público en la pasada edición, donde un cartel encabezado por Franz Ferdinand, The Killers y Oasis logró reunir durante cuatro días a casi 150.000 personas, insiste en reclamar la necesidad de mejorar las infraestructuras de acceso y las zonas de acampada de un recinto, situado junto a la N-340, que para el 2010 podría acoger «a una o dos leyendas» musicales.
2011 para desdoblarse
Y eso es lo único que avanza del cartel de la próxima edición, del que comenzarán a hacerse públicos algunos nombres «antes de Navidades» para, a lo largo de enero, ir completando la oferta de pop-rock y música electrónica y de baile que, en años venideros, podría ampliarse a otras «músicas del mundo».
Sobre la posibilidad de que el FIB Heineken tuviera una cita gemela en Sevilla, reconoce que no se ha encontrado el emplazamiento adecuado, pero insiste en que esta opción «se tendrá que hacer tarde o temprano», quizá a partir del 2011, porque supone un valor añadido a la hora de convencer a los grupos, artistas y DJ de que vengan. Preguntado por la escasa afluencia que tuvo el paralelo Saturday Night Fiber, que acogió Madrid en el 2008 con artistas como Morrissey, My Bloody Valentine y Mika, admite que fue «un error» que hizo perder dinero a la organización.