Los espectadores del Musikverein agradecieron las piezas con aires hispánicos, como «Carmen»
14 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Con un lleno absoluto y ovaciones cerradas recibió Viena a la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG). Pero no en un auditorio cualquiera, sino
«en la gran sala del mundo. En singular», como afirma Víctor Pablo Pérez, director de la OSG, que ayer escribió otra página brillante de su historia. «Es como torear en Las Ventas», compara el conselleiro de Cultura, Roberto Varela, poco antes de entrar en el Musikverein en donde estuvo acompañado por el embajador de España en Austria. El público llenó el recinto y agradeció el repertorio elegido por la agrupación gallega.
Hace 15 años la Sinfónica ya había estado en Viena, en concreto en la Konzerthaus de la capital austríaca, pero en esta ocasión hizo sonar su música en la sala más mediática que existe, en la que se despiertan cientos de millones de personas de todo el mundo cada 1 de enero, el salón de oro del histórico Musikverein. Todo huele a rancia solera en el recinto. Las puertas, los pasillos, el pequeño escenario y hasta el rígido personal. Está prohibido hacer fotos con flash, la utilización de trípodes para las cámaras y no se puede grabar nada del recital.
«Estar aquí es formar parte de la élite de las orquestas internacionales. No cambia nada el hecho de actuar en un lugar así, estamos tranquilos. La orquesta es madura», comenta Víctor Pablo, minutos antes de la actuación. Antes, esta misma semana, ocupará el mismo escenario la Concertgebouw de Ámsterdam, considerada una de las tres mejores del mundo.
Pero el protagonista ayer dentro de los ciclos de abono del mítico recinto vienés fue Víctor Pablo Pérez. «Hay varios hechos relevantes. Que sea un concierto de abono es muy importante porque significa que la orquesta fue invitada y el público que acude es el habitual. Además es el primer concierto en el siglo XXI en Viena y eso tiene un gran simbolismo para Galicia».