«El palacio de la Cultura de Varsovia es un símbolo. Aunque pertenezca a la época comunista, representa a nuestra ciudad y es querido por mucha gente», cuenta Marek Smolar, un joven de 27 años, empleado en un banco del centro de la capital polaca. El Palacio de la Cultura y de las Ciencias, conocido popularmente como el PKIN, es el cuarto rascacielos más alto de Europa. Stalin ordenó su construcción, al más puro estilo del realismo socialista, en 1952. ?Fue un regalo del dictador soviético a Polonia. Durante años, unos 3.500 obreros, todos ellos rusos, participaron en su construcción. En la URSS, se tuvieron que construir fábricas para producir la cerámica y los 40 millones de ladrillos utilizados. En la actualidad, esta mole despierta sentimientos encontrados. Muchos ciudadanos quieren conservarla, pero otros están a favor de su destrucción. El ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, dijo recientemente que «lo mejor que se podría hacer es destruir el palacio». El diario Gazeta Wyborcza recordó que es un monumento protegido por la ley. El palacio es para Varsovia lo que la Puerta de Alcalá es para Madrid o la torre Eiffel para París. Dispone de una de las mejores salas de conciertos, un cine y dos teatros, cafeterías, restaurantes, discotecas... Se celebran ferias, congresos y es visitado por numerosos turistas polacos y extranjeros. Ahora necesita de una renovación, porque ha envejecido. Y la Eurocopa de fútbol del 2012 es una ocasión propicia para decidir qué hacer.