«A veces te sientes un testamentario de los clásicos»

Pilar Vegas

CULTURA

Iba por Ciencias cuando era un adolescente. Y no fue ni la influencia paterna ni la familiar la que le hizo cambiar de rama. «He sido lo que quería ser», comenta satisfecho por su premio y por su dedicación, la traducción, con la que cada día se encuentra lo que pensaban los hombres de hace siglos. «Y en ellos te ves a ti mismo», asegura.

-¿Cómo se recibe un premio de esta categoría?

-Me ha sentado de maravilla. Es el reconocimiento a una tarea que llevo haciendo con mucho gusto desde hace muchos años, porque traducir es lo que hago todos los días con mis alumnos. Y también es un reconocimiento por parte de colegas muy capacitados y a los que estimo mucho.

-¿Están bien tratados los traductores?

-Los traductores de lo clásico somos un caso aparte dentro del gremio, porque no vivimos ni pretendemos vivir de la traducción, y pero tampoco nos suelen tratar mal. Para la mayoría de nosotros es también un gusto el darle vueltas al texto. A veces se refleja en una publicación, otras no. Compaginamos la labor docente y la de investigación.

-¿Qué momento viven las letras clásicas?

-Las editoriales que publican clásicos no son oenegés y ganan dinero. Y la mayoría de estas editoriales nos dirigimos a un público culto no especializado, a personas que quieren leer a clásicos, pero pueden hacerlo en la lengua original. Y sí ha aumentado esta demanda al mejorar el nivel del país. Eso sí, los traductores clásicos a veces tenemos la conciencia de ser los últimos o los penúltimos que tendremos un contacto directo con aquellos autores. Me pregunto si dentro de treinta o cuarenta años habrá alguien capaz de leer a los clásicos en su propia lengua. Te ves tentado de sentirte una especie de testamentario de los clásicos.