Una de las reivindicaciones fundamentales que Jesús Irisarri y Alfonso Penela realizan sobre el papel de los arquitectos pasa por su intervención técnica en la toma de decisiones sobre los usos del espacio público. Una cuestión que en la actualidad está en manos de los políticos casi de forma exclusiva.
Jesús Irisarri. Los arquitectos hemos desaparecido en el tema de los usos del espacio público. En cuestiones de cómo se organiza y cómo se usa ese espacio tenemos mucho que decir. Y mucho más, por supuesto, que los políticos. El destino de las ciudades se decide al margen de toda la opinión formada que puedan tener arquitectos, ingenieros, sociólogos o de la propia sociedad activa, que finalmente es la que usa la ciudad.
Pregunta. Lo que pasa es que los tiempos políticos en este tema son cortos, ya que dependen de que las obras lleguen a tiempo para cortar la cinta de inauguración.
J. I. Ese es otro drama. Pero básicamente lo que reclamo es que las partes de la sociedad que puedan aportar una opinión se impongan a lo circunstancial de la persona que ocupe un cargo político. Las ciudades tienen que estar por encima de esas cosas.
P. ¿Y cómo se articularía ese cambio? ¿Quizá deberían ser los colegios de arquitectos órganos consultores del poder político?
Alfonso Penela. A día de hoy el colegio de arquitectos no está asumiendo el papel de defensa del territorio. Algo que paradójicamente sí hizo durante el franquismo. Y ahora, en momentos de libertad, casi lo único que hace es gestionar los honorarios del colectivo. También entiendo que es difícil, porque el colectivo de arquitectos es numerosísimo. Es posible que una directiva del colegio que asumiese posiciones comprometidas durara muy poco.
J. I. Muchas veces parece más importante quién es el que pone el cartel de la obra en cuestión que por qué se hace.
A. P. Hay una especie de negación del conocimiento. Nosotros hemos estado en una escuela de arquitectura financiados por la sociedad, pero luego no se nos reclama para intervenir en esa sociedad, sobre todo si eres crítico. La labor más importante de los arquitectos debería ser la recuperación de las ciudades, que han sido simplemente un territorio de caza para el negocio. Podemos aceptar que ha habido algún beneficio tangencial de un teórico desarrollo, pero ahora con la crisis estamos viendo en qué nos estábamos apoyando. Habría que ver adonde nos abocarán los documentos de desarrollo urbanístico, y si echas una visual en ellos ves que traerán más de lo mismo. Nadie entra en el problema de fondo. Los planeamientos lo que hacen es ver donde hay una mancha verde para construir en ella. Pero la ciudad necesita planteamientos de otro tipo. Por ejemplo, el ataque brutal que están sufriendo las áreas portuarias, que se han colmatado de usos imposibles. ¿Por qué se meten centros comerciales en esos espacios, que son de los pocos que quedan libres en la ciudad?
J. I. Vivimos al albur de las ocurrencias. Las oficinas de planeamiento de ciudades como Róterdam o Ámsterdam tienen una continuidad de años y años. Un lugar donde hay una reflexión constante sobre la ciudad que se sobrepone a los gobiernos sucesivos y que consigue una autoridad incontestable. En esos países se planifica en mesas de muchas bandas, en donde se sientan los planificadores profesionales, los políticos, pero también la sociedad activa, que puede decir por ejemplo 'no me haga usted oficinas porque no las necesito'. Ahí todo se casa.
P. ¿Es Galicia un territorio más complicado para aplicar esta forma de trabajar debido a condicionantes como la dispersión poblacional?
A. P. Creo que no. A efectos de ordenación del territorio habría que tomar grandes decisiones. Algunas obvias. Una cosas son los núcleos urbanos y otra el resto del territorio, en donde no se puede crecer hasta el infinito. Pero la batalla está en las ciudades. El resto del territorio hay que protegerlo, sobre todo zonas sensibles como la costa. Ahí no sería complejo establecer reglas que impidan que se destroce más el territorio. Si algo necesita que se legisle son unas reglas que reviertan los errores del pasado. Un ejemplo, Barcelona tuvo unos momentos de transformación evidentes y ¿dónde se pusieron los equipamientos más importantes? En los sitios más lumpen. Es un camino, lo otro es eludir problemas.