La Feria del Libro de Madrid abrió ayer sus puertas con la esperanza de esquivar la crisis

Carmen Sigüenza

CULTURA

La 68 edición de la Feria del Libro arrancó ayer en el madrileño parque del Retiro con el deseo de que las visitas y las ventas no se resientan por la crisis y con el tema de las nuevas tecnologías y sus consecuencias para el libro como asunto de debate. Este año, la muestra está dedicada a Francia.

La infanta Elena inauguró la tradicional cita anual con la fiesta del libro, acompañada por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, quien visitaba por primera vez la feria como ministra. Esta última ha señalado que tenía que volver para hablar más detenidamente con los libreros y ver las casetas con tranquilidad.

«Cuando se inaugura la feria, para los libreros es un día muy importante y ellos confían en que este año, de nuevo, las visitas y las ventas sean muy altas», explicó.

Respecto a la edición digital, que este año todavía no participará en la feria, declaró que considera los libros «irreemplazables», aunque el ministerio y la Administración serán «de los primeros en aprovecharse de sus ventajas».

Por otra parte, el director, Teodoro Sacristán, ha señalado que él es optimista y que cree que este año irá bien, pese a la crisis, porque la feria tiene vida propia. «La feria es una cita obligada», aseguró.

A la infanta Elena también la acompañaron en su recorrido por la muestra la presidenta de la feria, Pilar Gallego; el director general del Libro, Rogelio Blanco, y la delegada de las Artes, Alicia Moreno, entre otros. La obsequiaron con varias obras, entre las que se encuentra un monográfico de la casa de Velázquez, y ella misma adquirió un libro sobre los Borbones en España.