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A los 100 la vida sigue igual

YES cumple 100 números, Y nada mejor que celebrarlo a lo grande, con lectoras que han llegado a los 100 años (y más) con una energía envidiable. Todas nos cuentan el secreto para mantener ese ánimo y una vida a prueba de disgustos. Que también los ha habido

16 de enero de 2016. Actualizado a las 12:45 h. 41

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Aurora nació el 11 de noviembre de 1913, pero mírenla bien. Ni muchas arrugas y una sonrisa que todos quisiéramos replicar a esa edad. ¿Cuál es tu secreto, Aurora?, le pregunto para anotármelo ya. «Eu tiven unha vida bonita, sempre estiven contenta e nunca me queixo de nada, ¿para que?». 

Cualquiera se atreve entonces con esa filosofía a llevarle la contraria. Sales perdiendo seguro. Aurora vive en Cabana de Bergantiños (allí residió siempre) y su día comienza a las doce de la mañana cuando se levanta de la cama. «E estes días que chove tanto ao mellor máis tarde. A trabajar no voy», remata con retranca en español. Aurora no se atreve a decir en qué momento de su vida fue más feliz, pero sí que le gustaba mucho bailar y cantar. «Agora bailar pouco podo», pero mientras le echa un vistazo al YES, me cuenta que suele ver la tele, que le gustan las historias bonitas e «non esas laghartas que andan pelexando todo o día». Cualquiera pensaría viéndola que la vida solo le ha sonreído, pero en 102 años no es posible. Se quedó viuda muy joven y perdió un hijo con 11 años, pero se rehízo y hoy tiene una familia alrededor que la adora. «Encántame estar cos nenos, cos bisnetos», repite. Su hija María que la atiende a diario la envidia: «O día anterior aos Reis visitárona os gaiteiros e estaba encantada; estou eu peor ca ela!». Porque Aurora no pisa un médico, come de todo («mejor sin hueso», matiza) y tiene un secreto de belleza infalible: «Agua y jabón, nada más», contesta con un punto coqueto antes de despedirse: «Volve outro día e falamos máis»

«Soy feliz hablando con Carlota por videollamada»

El próximo 3 de febrero habrá fiesta, y a lo grande, en casa de Dolores González. No es para menos porque esta vecina de la parroquia de Xestrar, ubicada en el municipio lucense de Palas de Rei, está de aniversario. Cumple nada más y nada menos que 104 años. Una edad que rápido se dice y escribe pero que llegar a ella tiene su historia, y más en el buen estado en el que se encuentra la reina de esta casa. No toma ningún medicamento y solo visita a su querido doctor don Fernando para hacer analíticas y revisiones. Los resultados hasta la fecha: siempre perfectos. Cuando acude al centro médico aprovecha para tomarse un café con un croissant en la cafetería de enfrente. Y es que Dolores es muy golosa. Le encantan los dulces, y el chocolate... le apasiona. ¡Los kitkats, los devora!

Esta centenaria vive con su encantadora nuera Maruja, quien le ayuda a realizar varias actividades en su día a día. Pero como Dolores goza de muy buena salud y tiene una gran agilidad, hace miles de cosas. Se levanta a las diez y media, se viste, ata los cordones de los zapatos, coloca su incondicional pañuelo en la cabeza y dobla su ropita. Una vez realizado esto baja para la cocina y allí se sienta en un sillón para leer, hablar por videollamada con su tataranieta Carlota y recibir todo tipo de visitas.  

El caldo gallego es para ella un auténtico manjar y el cenar sopas de chocolate un placer. Se acuesta temprano. Sobre las ocho de la tarde. Pero tiene su lógica porque no se echa siesta. La detesta. Puede que este descanso influya en su estado. Se conserva fenomenal y a la vista está. Goza de una piel y una vitalidad envidiables. 

Dentro de dieciocho días Dolores González reunirá a sus dos nietas, cuatro bisnietos y a su tataranieta de siete años en su casa para soplar las 104 velas. «Encántame reunir a toda a familia. Son todos fermosos e encantadores. Todos me queren ben e eu a eles», dice esta  dulce y tierna centenaria sobre los suyos.

«Me gusta mucho Mario Casas»

YES y Concha Martínez cantaron 100 (números y años) casi al mismo tiempo. Esta coruñesa, taquillera del Colón desde la apertura del teatro hasta su jubilación a los 65 años, acaba de cumplir cien años. «El teatro Colón se estrenó conmigo, en 1948». Mientras se toma un descafeinado en The Moon Cake Bakery y repasa las portadas de YES, recuerda sus años de taquillera. «¿Que si veía muchas películas? Muchísimas. Decíamos que íbamos al baño y nos colábamos en la sala a verlas». Su favorita: Lo que el viento se llevó. «No sé cuántas veces la vi en el cine, pero muchas!», sonríe.

Cien años dan para mucho. Su marido se murió de tuberculosis cuando Concha tenía 27. «Era muy joven y la pensión que me quedó muy poca cosa. No quería depender de mis padres, así que decidí que tenía que trabajar». Así es como se convirtió en la taquillera del Colón. «Por allí pasaron muchos famosos. Me acuerdo de Marisol, que era muy pequeña y vino con calcetines». Concha tiene intacto el sentido del humor. Como la piel. Ella fue una adelantada. «Todos los años me iba sola de vacaciones a Madrid». Allí se daba mimos en el salón de Elizabeth Arden, donde se hacía las limpiezas de cutis. Aún le gusta bajar a la calle con los labios pintados. «Viví de todo en el Colón, hasta un incendio!!! Me acuerdo que ese día no pude ir a trabajar». Por delante de su taquilla se paseaba el alcalde Alfonso Molina. El bar Compostela era el lugar de encuentro de los taquilleros de la ciudad. Allí se reunía con sus compañeros. «Incluso una vez me mandaron a Vigo para formar a otras chicas sobre cómo se trabajaba en la taquilla».

Come fuera casi todos los días. A veces, con una copa de Godello. Y le encanta pasear. «De vez en cuando paso por delante del Colón. Las antiguas taquillas las tienen tapadas, pero yo sé que están ahí». Ya no ve tanto cine como antes: «Las películas que me gustan las ponen a horas muy malas». Gregory Peck y Clark Gable son sus actores favoritos. «Pero también me gusta Mario Casas». Otro gallego con mucho cine.

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