Acorralada por los olores

La viguesa Gregoria Alonso padece desde hace ocho años sensibilidad química múltiple, una enfermedad que le ha cambiado la vida

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Gregoria siempre sale a la calle con una mascarilla porque los olores que desprenden toda clase de productos dañan su salud. m. moralejo

Gregoria Alonso no puede salir a la calle si no es con su mascarilla. Sufre sensibilidad química múltiple, una rara enfermedad que le impide entrar en contacto con cualquier sustancia que no sea natural. El jabón, las colonias, el humo de los coches, los barnices, la pintura..., toda clase de productos que genera la industria química, amenazan su salud.

El único modo que tiene de sentirse bien, es permaneciendo lejos de todos esos agentes que asegura que le hacen mucho daño. Pero reconoce que cada vez es más difícil encontrar un lugar apropiado.

El único sitio donde puede estar sin preocuparse es una habitación de su casa, en San Andrés de Comesaña, en la que nunca apaga el purificador de aire.

Ni siquiera en la playa o en el monte puede sentirse segura, porque hasta allí dice que llega el aire contaminado y además es sensible para percibir los olores de los vertidos.

«Los olores viajan, se mueven, no hay escapatoria», afirma. Cuando ella los percibe, es que ya le están dañando la salud. «Estoy en casa y me empiezo a encontrar mal primero, luego me viene el olor y busco la causa: es el hijo de la vecina, que se pone colonia y sube y baja por las escaleras», dice. Los químicos le perjudican de muchas formas. Los síntomas son mareos, dolor en la boca, picor en los ojos, debilidad en las piernas y, lo que peor lleva, es el «fuego en la nariz, porque el olor según entra en la nariz te quema, yo la tengo siempre en carne viva».

Hace ocho años que descubrió por sí misma que padecía sensibilidad química múltiple. Cuando lo supo no daba crédito, pero fue una liberación poder poner un nombre a lo que le estaba pasando. Después la enfermedad se la diagnosticó un médico en Barcelona. Además padece fibromialgia y fatiga crónica.

Cuando sale a la calle siempre lo suele hacer con un carrito, porque su enfermedad también le hace perder el equilibrio. La sensibilidad química múltiple es un mal de causa desconocida que muchos especialistas discuten y por eso cuando se refieren a ella lo hacen como la «supuesta enfermedad».

De hecho no está reconocida por la Organización Mundial de la Salud ni otras instituciones médicas. Para Gregoria Álvarez eso tiene una explicación. Afirma que afecta a muchas personas y que el número seguirá creciendo. «Reconocer esto es crear una alarma social, es que la gente deje de comprar un montón de cosas y no interesa», afirma.