Ambición


13/11/2014 05:00 h

Un robot parecido a una lavadora llamado Philae aterriza en un cometa, como un buen amigo que va de vacaciones, se saca un selfie y nos lo manda, con cariño pero también con ganas de dar envidia. Es la culminación de misión Rosetta para estudiar el cometa 67P/Churiumov-Guerasimenko. Acertar a un cometa no es fácil, se trata de un tiro a una distancia de 6.400 millones de kilómetros en el que el proyectil tarda 10 años dando vueltas por el sistema solar, pasando por la Tierra, dos asteroides e incluso Marte, antes de acertar en un blanco que se mueve a una velocidad de 16 kilómetros por segundo.

Ni el mejor de los pistoleros del oeste se aproxima a tal precisión.  ¿Por qué no complicarlo un poco más? Vamos a soltar un robot sobre una superficie desconocida, escarpada y llena de barrancos.

El más mínimo error de velocidad o dirección acabaría con el robot como un montón de chatarra, perdido en el espacio o incluso que rebotara como un balón de baloncesto, debido a la mínima gravedad en superficie.

Colocar un robot sobre un cometa es una de las cosas mas difíciles que hemos hecho los humanos, pero tiene su recompensa. Además del selfie, el laboratorio robótico Philae nos enviará datos que nos ayudarán a entender de dónde procede el agua de la Tierra, cómo son los cometas y muchas cosas que aún ni podemos imaginar.  En una palabra, la que les gusta usar a los responsables de la misión: ambición.

Borja Tosar es astrofísico y divulgador.

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