«Al poseído le queman la cruz y el agua bendita»

El exorcista gallego José Luis Portela, que lleva toda su vida luchando «contra el maligno», descarta que el papa exorcizase a un niño el pasado domingo


La estola de cura, el agua bendita, la oración, sus propias manos y una cruz de san Benito de 20 centímetros son las armas con las que José Luis Portela, párroco de San Campio de Lonxe, lleva luchando toda su vida «contra el maligno».

La cruz se la partió en la cabeza uno de los numerosos poseídos a los que ayudó «a desprenderse del demonio». Además, ha llevado «muchos bofetones» al tratar de contener la «fuerza superior» que confiere «el diablo».

Los satanizados de los que habla Portela no giran 360 grados la cabeza como la niña de El exorcista, pero proclaman «improperios tremendos» cuando el sacerdote los toca con sus manos. «Al poseído le quema la cruz, como también mis manos y el agua bendita» al tocar su piel.

«A veces, estas personas se resisten a entrar al templo y arremeten contra mí, y jóvenes de 40 kilos reaccionan con una fuerza ¡equivalente a 500!». Para controlarlos es imprescindible un ayudante. «Nunca dejo que vengan solos, siempre en compañía de un familiar que colabore si hay que reducirlos», dice. Pero ni un testigo más. El ritual debe preservar «siempre» la intimidad.

Por eso, Portela descarta que el papa, según afirmó la televisión de los obispos italianos (y negó el Vaticano), exorcizase a un niño el pasado domingo, a la vista de todo el mundo. «Si le hago este ritual a una chica joven y todo es público, ¿quién va a querer casarse después con ella?», ejemplifica el sacerdote.

Pero al margen de los grandes exorcismos, hay situaciones menores que sí «podrían encajar» con lo que hizo el pontífice.

«Por el templo viene de todo», concede el cura: gente «endemoniada», pero también con «psicopatologías», y personas sobre las que «hay que indagar». En este último caso, el primer paso son las «oraciones de exorcismos menores» que cualquier cura puede pronunciar. Por ejemplo, «una oración a san Miguel Arcángel». Se hace con imposición de manos sobre la cabeza, como realizó Francisco, aunque «tampoco» tiene claro que el papa lo haya hecho «por eso».

Los grandes exorcismos son palabras mayores. Hay que tener «autorización del obispo». El influjo demoníaco nos acecha, cree Portela, que achaca el problema al «afán de aventura de la juventud». Dos ejemplos, «la ouija y las prácticas rituales malignas». Sostiene que pudo haberlas «en la casa de turismo rural que fue destrozada hace unos meses en Galicia». Los restos de hoguera hallados en una bañera podrían corresponder, afirma el cura, «a un gato, un perro u otro animal ofrecido a Satanás». Con un riesgo eterno: los que participan en esas ceremonias no saben que se exponen a quedar «ligados al diablo», que «no viene precisamente a bendecir».

Pero siempre es posible extirpar el mal. La clave, «jamás tener miedo». De lo contrario, «el demonio arremeterá contra el sacerdote».

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