La crisis eleva la venta irregular de productos del campo a bares

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

El kilo de setas oscila en este mercado no regulado entre 15 y 20 euros

09 nov 2012 . Actualizado a las 07:15 h.

La crisis ha puesto contra las cuerdas a miles de pontevedreses privándoles de un puesto de trabajo y a muchos de ellos de una vida digna. La actual coyuntura económica ha llevado a una parte de estos ciudadanos a vender productos del campo de bar en bar para subsistir en tiempos amargos.

Los locales de hostelería del centro de la ciudad reconocen que en los últimos meses se ha incrementado esta nueva fórmula de venta ambulante. «Por aquí vienen casi a diario a vendernos setas, sabemos identificarlas y no solemos comprar más de tres tipos», explica uno de los propietarios de un restaurante en la zona vieja. Y es que la estacionalidad del negocio de las setas lleva a los particulares a buscar negocio en estos meses y vender a una media de entre 15 y 20 euros el kilo. «El otro día vino por aquí una persona y nos vendió cuatro kilos. En menos de diez minutos salió con 60 euros», explica este cocinero, que reconoce que la gente que acude es porque «tiene tiempo libre y necesita el dinero». Es fácil que puedan alcanzar los 1.200 euros durante el otoño.

Aún así son muchas las voces que reconocen que en un radio pequeño próximo a Pontevedra no hay tantas zonas para recoger, principalmente Boletus edulis o cantarelus. La proliferación de eucaliptos y la sequedad del monte de la comarca pontevedresa que ardió en el 2006 han dificultado estos años la recogida de setas.

Aunque desde el punto de vista sanitario no existen restricciones a la hora de vender setas por tratarse de productos silvestres, lo cierto es que la legislación actual prohíbe las transacciones de productos sin factura.

A las setas, los restaurantes de la zona vieja suman la venta de patatas, pimientos, lechugas y un fuerte incremento en la comercialización de productos furtivos como percebes o nécoras. «No les compramos marisco aunque vengan a la puerta, pero cada vez son más los que acuden a vender los excedentes de sus huertas fuera de las líneas habituales», señala la propietaria de un bar de tapas.

La presidenta de la asociación de plazas de abastos de Pontevedra, María del Carmen Santos, tacha estás prácticas de «competencia desleal». Un puesto en el mercado conlleva el pago de un autónomo de 254 euros al mes, más 49 euros por metro de puesto, además de la contribución a Hacienda. «Muchos están cogiendo más cupo del permitido y venden en lonja lo legal y luego van por los bares», alerta Santos sobre la proliferación de venta de marisco en la puerta. Sin embargo, es difícil que los hosteleros se lancen a estos productos del mar sin garantías sanitarias, frente a los de la tierra, que todos confiesan que acaban comprando. «A mi me parece muy bien que se busquen la vida, la culpa de llegar a esta situación de subsistencia no es de ellos», explica el cocinero de un bar de tapeo.

El cultivo como alternativa económica no solo se nota en la venta de productos naturales, sino en la compra de semillas. Desde la droguería La Moderna, uno de los pocos locales de la ciudad especializados en su comercialización, aseguran que en el último año se ha incrementado un 40 % la demanda de semillas, así como la de productos para cuidado de la huerta.