Tendiendo puentes entre medicina y derecho


26/03/2017 05:00 h

Hace poco menos de 50 años que se acuñó el término de bioética inaugurando un nuevo paradigma en las ciencias biomédicas: la preocupación creciente por mantener como centro del quehacer médico al enfermo, primando su autonomía por encima del paternalismo directivo y del oscurantismo respecto a su diagnóstico y pronóstico. A principios de los años 80 se fundaba la ética principialista basada en beneficencia, autonomía, no maleficencia y justicia. Y desde la fundación de los grandes institutos de bioética se ha ido incrementando el interés por temas de bioética algunos de los cuales han llegado a los medios de comunicación social a través de una manipulación y malinterpretación con resultados catastróficos, siendo ejemplos las sedaciones paliativas que se equiparan a eutanasia, la limitación de esfuerzo terapéutico que se asimila a suicidio asistido, las donaciones de vivo que se confunden con tráfico de órganos... entre otros.

Tanta desinformación o información claramente sesgada merece una respuesta clara y contundente. Por todo esto hace tres años creamos en Ourense un grupo de sanitarios y juristas, el Instituto Auriensis de Bioética (IAB), cuyo fin principal es la difusión de conocimientos rigurosos de bioética entre los profesionales del Derecho y la Medicina y también entre la población general, principal beneficiaria de los cuidados de salud. Deseamos fomentar el diálogo entre esos dos mundos tan injustamente separados como son la sanidad y la ley, además de generar reflexión ética acerca de temas candentes o conflictivos de biomedicina y promocionar la formación y la investigación en bioética clínica a través de foros multidisciplinares como el de este año, que le dedicamos a las conductas adictivas.

En todas las culturas a través de la historia el ser humano ha buscado en determinadas conductas o sustancias químicas evadirse, relajarse o modificar su estado de ánimo, siendo muchas veces inconsciente de los efectos colaterales que ello le produciría. En nuestro tiempo se conocen miles de sustancias químicas adictivas, asimismo sabemos del potencial adictivo de ciertas conductas (ludopatía, nomofobia...). La bioética tiene mucho que decir en este campo, donde tal vez lo que subyace cuando se traspasa el uso para pasar al abuso de una determinada conducta, es la pérdida de autonomía que se genera y por tanto el paciente queda a merced de la sustancia o conducta que absorbe completamente su vida, sus pensamientos, sus intereses. No obstante, esta espiral genera múltiples interrogantes: ¿son todas las drogas iguales?, ¿es operativo el concepto de droga legal e ilegal?, ¿las drogas legales son menos lesivas que las ilegales?. De esto y de mucho más se ha tratado en el tercer Foro de Bioética y Derecho celebrado recientemente en nuestra ciudad auspiciado por el IAB y el Colegio Médico de Ourense, recordando una vez más que bioética y derecho caminan de la mano pero a su vez que la judicialización de dilemas éticos supone un fracaso.

José López Castro es profesor (acr.) de Medicina y especialista en Medicina Interna

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