Mentiras varias y un funeral


08/06/2017 05:00 h

Varias lecciones extraídas del desplome del Banco Popular. Era mentira que España contaba con «el sistema financiero más sólido del mundo desarrollado», como afirmaba Zapatero todavía en febrero del 2010. Es mentira que la banca española esté «estupendamente», como se empeña en decir Rajoy desde octubre del 2014.

Era mentira que las cajas de ahorros, y las injerencias políticas en su gobierno, fuesen la única bomba-lapa colocada en los bajos del sistema financiero. Esa falsedad -«no hay crisis de bancos, sino crisis de cajas», dijo la AEB en su día- sirvió a los gobiernos del PSOE y del PP como pretexto para volar un modelo que durante décadas mostró eficiencia y rentabilidad. Y que además -ojo al dato- pisaba muchos callos y cuotas de mercado a la banca privada. Es mentira que la pésima gestión del riesgo crediticio, el empacho de cemento y el abuso de operaciones especulativas de alto riesgo fuesen prerrogativas exclusivas de las cajas.

Era mentira la solvencia que a los bancos les atribuían los test de estrés. Por ejemplo, para determinar su nivel de capitalización se incluyen los créditos fiscales: impuestos que deberían pagar y el Estado les condona. Es mentira que la concentración y el tamaño garantizan mejor gestión y mayor eficiencia. Lo que sí está probado es que, a la par que la dimensión, aumenta el riesgo sistémico: la posibilidad de que una sola entidad haga saltar por los aires la economía. Y también que en cada fusión gana poder de mercado la entidad resultante y lo pierde el consumidor -familias y empresas- de servicios financieros.

Era mentira que, como dijeron Zapatero, Rajoy y De Guindos consecutivamente, el rescate del sistema financiero no iba a costar un céntimo al contribuyente. Lo aclara el Tribunal de Cuentas. Entre los años 2009 y 2015, el Estado movilizó más de 122.000 millones de euros para socorrer a la banca. De ese dinero comprometido ya hemos gastado los contribuyentes -o adeudamos- más de la mitad: 60.718 millones exactamente.

Ahora nos dice otra vez De Guindos, y lo repite como un eco Ana Botín, que la integración del Banco Popular en el Grupo Santander «tiene cero coste para el contribuyente». ¿Será también mentira? Para Galicia, sin lugar a dudas: acaba de extenderse el certificado de defunción del Banco Pastor. La Fundación Barrié de la Maza poseía entre el 1 % y el 2 % de las acciones del Popular -el 7,8 % hace solo cinco años-, adquiridas ayer por el Santander por uno o dos céntimos. RIP. Se desploma el último bastión de la banca gallega, dos siglos largos de funcionamiento como motor y lubricante de nuestra economía, una entidad emblemática que históricamente canalizó el ahorro hacia la industrialización de Galicia.

¿Cuánto perdimos ayer los gallegos? ¿Nada se podía hacer para segregar del paquete la parte gallega y otorgarle un tratamiento diferenciado? ¿Dónde estaba y qué decía nuestro Gobierno autonómico durante la agonía? ¿Por qué no alzó la voz, aunque solo fuera para asistir ahora, sin sentimiento de culpa, al funeral?

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