Elegetebefobia


Existen palabras para designar la aversión a los gais (homofobia), a las lesbianas (homofobia y lesbofobia), a los transexuales (transfobia) y a los bisexuales (bifobia), aunque solo homofobia aparece en el Diccionario. Y ha surgido el problema de hallar un sustantivo que dé nombre al rechazo a todas esas identidades y tendencias.

Hay quien lo busca a partir de una sigla en la que aparecen las iniciales de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales, LGTB, a veces con las formas LGBT y GLBT (las variantes se multiplican cuando se añade la inicial de algún otro colectivo). El elemento compositivo que expresa rechazo es -fobia, que se une sin guion a la raíz de la palabra a la que afecta: fotofobia, claustrofobia. Lo que no está claro es cómo se escribe cuando sigue a una sigla: ¿LGTB fobia, LGTB-fobia o LGTBfobia? Hay quien cree que esta última, LGTBfobia, es la grafía más adecuada, sin guion por estar el elemento compositivo en posición final.

La colocación de un elemento compositivo tras una sigla escrita con mayúsculas es inusual. No lo es que aquel aparezca en posición inicial. En este caso se enlazan con guion «para evitar -dice la Ortografía- la contigüidad de minúsculas y mayúsculas en interior de palabra: mini-PC, anti-UV, anti-OTAN». Pero no es normal una palabra con dos o más mayúsculas seguidas de minúsculas. Y un elemento compositivo cuya sílaba inicial formase una nueva sílaba con la última mayúscula complicaría el problema. LGTBlogía, por ejemplo, se leería [elegeteblogía], con lo que se pierde la noción de la sigla base, que, sin embargo, se conserva en LGTB-logía.

Existe una alternativa, el alfónimo, la palabra resultante del deletreo de la sigla, que, como cualquier otro nombre, admite elementos compositivos: elegetebefobia. El problema es su longitud y la dificultad de articularlo espontáneamente, pues exige repasar mentalmente el orden de las letras de la sigla. Si a ello se le añade que este acortamiento tiene variantes, la cuesta se empina aún más.

Posiblemente la multiplicación de formas de la sigla acabe llevándonos al empleo de un término genérico que la sustituya. Se ha propuesto, aunque sin mucho éxito, arcoíris y el inglés queer (raro, extraño, maricón...), que suscita bastante rechazo. También hay quien propone el neologismo homotransfobia y quien sugiere el empleo de homofobia con un sentido amplio, que abarque el rechazo a quienes no son heterosexuales o de lo que se denomina género binario. El tiempo dirá por qué optan los hablantes.

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