Podemos y el camino hacia la nada


Claudio Magris afirma que la verdadera pureza reside en la nada. Es una buena e indiscutible sentencia. Vivimos un momento en que vamos camino de ella, de la nada, a fuerza de parecer tan puros. El eurodiputado Pablo Iglesias es uno de los bastiones de la nada, digo de la pureza. Me sorprende su castidad cuando habla de la casta, su imagen cuidada al milímetro cuando critica la hipocresía de otros (la obsesión por la imagen, en definitiva, es una forma de hipocresía), su descortesía y, sobre todas las cosas, me sorprende del eurodiputado Iglesias y de su grupo Podemos su determinación de redimirnos, limpiarnos, purificarnos. No nos dice cómo lo va a hacer. Solo que seremos nosotros quienes decidamos. Es el despotismo ilustrado, pero al revés: todo para el pueblo pero con el pueblo. Lo malo es que la inversión del sintagma obvia algunos detalles, el principal es que solo ellos se consideran el pueblo. Los demás son otra cosa. O casta; o alienados (el hombre vive alienado, pero antes de alienarse fue libre, escribió Sartre, que era más de izquierdas que Iglesias); o «fachas», que en la jerga política de nuestra Galispaña se identifica con cualquiera que no piense como ellos. Fachas, él lo dijo hace tiempo, y no conviene olvidarlo: «Disculpas por no romper la cara a todos los fachas con los que discuto en la televisión». Es la pureza en grado supino. El camino hacia la nada.

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