Corazonadas

Hedy Lamarr


Su belleza apabullaba. Aunque en el cine hizo lo justo, Hedy Lamarr tuvo una vida de película. Tan fascinante que hubiese sido necesario reunir a muchos guionistas de talento para escribirla. Hedy Lamarr nació en Viena y protagonizó con solo 16 años el primer desnudo en una película comercial. Un escándalo para la época, pero que motivó al magnate Fritz Mandl para convencer a los padres de la chica de que le diesen su mano. Así vivió sometida al millonario que no la dejaba salir sola hasta que logró escaparse. Antes ya había demostrado Hedy que no era una más. Tenía una cabeza increíble por dentro y por fuera. Estudiaba ingeniería ya de adolescente y, cuando consiguió llegar a Estados Unidos, desarrolló dos carreras: por un lado, el cine; y por otro, una patente que con el tiempo ha sido fundamental en el mundo de la ingeniería. La fuga de su marido fue al estilo de las de Jason Bourne, con los guardaespaldas de él siguiéndolo por toda Europa. Pero Hedy era mucha Hedy. Decían de ella que era el rostro más perfecto del cine. Y ahí quedó como Dalila en Sansón y Dalila y en Extraña mujer. Las matemáticas se le daban bien, pero no tuvo vista para elegir y ser la mujer en nada menos que Casablanca y Luz que agoniza. Los dos papeles que harían inmortal a Ingrid Bergman.

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