Eumicidio


El río Eume es la arteria aorta que transporta la sangre verde y vegetal del corazón esmeralda de Galicia y hace navegable la mar vecina. Caaveiro se asoma al horizonte y la fraga respira acompasada repartiendo el aire que se cuela por las rendijas del viento.

Así, de esta suerte recordando la lírica de Ramiro Fonte, la poética de César Antonio Molina o Chema Paz Gago, debía comenzar este artículo cuando la primavera acaba de proclamarse en esta parte de la Tierra.

Pero no pudo ser, porque se ha cometido un delito de lesa patria, se ha perpetrado un eumicidio y las fragas del Eume han sido la pira funeraria que quemó el cuerpo, uno de los poliédricos cuerpos de Galicia.

La mano que mece la cuna de los incendios, la mano asesina que quema los montes ha vuelto a matar parte de su propia identidad, de nuestra identidad colectiva. Las llamas que durante tres días arrasaron buena parte del último de los grandes bosques atlánticos nos han quemado a todos los gallegos, a los que creemos en el respeto por el paisaje, en el amor a la naturaleza, en la viabilidad de Galicia como proyecto común y sostenible.

Son ciudadanos gallegos quienes queman nuestros bosques, la piromanía encubierta con coartadas atávicas, es un mal endógeno que no conseguimos erradicar.

Con la sequía y cuando el verano se alarga, nuestra tierra es una gigantesca tea encendida, un territorio desolado, un cementerio de árboles clavados en la piel de la tierra, chanteiros carbonizados como implorando clemencia a un cielo que no escucha. Un fotograma de un blade runner local donde no existe ninguna lectura épica.

Los incendios, nuestros incendios, son la constatación de un fracaso como pueblo.

El reciente eumicidio es un dardo de fuego que se ha clavado en el corazón de los gallegos biennacidos que asistimos rendidos, hartos, a demasiados focos ígneos, a demasiados incendios sin haber aprendido a decir basta. Arde el sector naval sin que nadie lo pueda apagar, la emigración es una tea encendida, un faro primitivo que ilumina la larga noche de centenares de pueblos gallegos, hay peligro de incendio en nuestro sector financiero, el lácteo es una hoguera encendida, y pequeños focos en forma de ERE y cierres temporales que se convierten en definitivos destruyen buena parte de nuestro tejido industrial.

Volvemos al inicio, al pavoroso incendio de las fragas del Eume, donde no hay que buscar culpables individuales. Todos somos los incendiarios del bosque, porque no nos queremos ni nos respetamos como pueblo, porque no conocemos el significado de la autoestima. Porque no hemos aprendido que el bien común es el único activo que nos dignifica como personas, porque seguimos pensando que Galicia es una cuestión ajena. Por eso son frecuentes los eumicidios. Nunca máis.

Votación
57 votos