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Una reforma laboral basada en un diagnóstico erróneo

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La reforma laboral que acaba de imponer de forma unilateral el Gobierno de Rajoy, además de injusta socialmente, es muy negativa para el crecimiento económico y el empleo. El análisis falaz que fundamenta la reforma es que las empresas, y la economía española en general, han ido perdiendo competitividad desde la entrada en el euro porque la inflación creció aquí más que la media de la Unión Europea. Dado que ya no es posible devaluar la moneda, la única vía para recuperar la competitividad es la llamada devaluación interior. Dicho en plata, reducir los salarios de los trabajadores españoles en un 25 %. Este es el objetivo de la reforma, bajar los salarios para que las empresas exporten más y con ello salir de la recesión. Sin embargo esta idea está basada en un diagnóstico erróneo que va a tener consecuencias funestas para la economía española, para los trabajadores y también para la mayoría de las empresas. Porque los alemanes que diseñaron este modelo que Rajoy aplica no tienen en cuenta que la estructura productiva española está caracterizada por un enorme peso de las pequeñas y medianas empresas, incluso microempresas, que venden sus productos, y sobre todo sus servicios, en el mercado interior español.

España vende fuera de sus fronteras el 30 % de su PIB, pero estas operaciones están concentradas en un número muy reducido de empresas, ya que se estima que tan solo 250 acumulan el 80 % del total de las exportaciones. Las empresas exportadoras son las únicas que se podrían beneficiar de la bajada de salarios porque al reducir sus costes pueden ser más competitivas en los mercados internacionales. Pero ni eso. Porque en realidad estas son las grandes empresas de la banca, la energía, la industria petrolera, la distribución textil, las grandes constructoras, los fabricantes de automóviles, que son precisamente las que tienen las mejores retribuciones y que, por lo tanto, no compiten con salarios bajos.

Pero para más del 95 % de las empresas españolas esta estrategia de devaluación puede resultar letal, porque sus ventas dependen exclusivamente de la demanda interna, y los salarios son precisamente la componente fundamental de la misma. Por lo tanto, una reducción salarial se traslada de forma directa e instantánea a una caída, primero, de sus ventas, después a una menor producción para terminar con una reducción de su plantilla. Lo poco que las pequeñas y medianas empresas pueden generar reduciendo sus costes laborales lo van a perder multiplicado por diez por la caída en su nivel de ventas.

Esta reforma laboral provocará la caída de la demanda por la menor renta salarial y por lo tanto va a agravar la recesión económica, haciéndola más larga y más dura, y llevándose por delante a muchas empresas y a muchos trabajadores. Por eso tienen razón los sindicatos cuando la califican de injusta en lo social, inútil para el empleo e ineficaz para la economía.