«En España era más barato comprar las piezas que robarlas»

Dice que los archivos policiales demuestran que su biografía es rigurosa

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Erik el Belga ha vuelto a la actualidad, pero no por apropiarse una talla del siglo XVII ni por devolverla. Su vida como ladrón de obras de arte llena las setecientas páginas del libro Por amor al arte, editado por Planeta. Una biografía con estilo de novela pero en la que, según asegura, «todo es rigurosamente cierto como corroboran los archivos de la policía».

-Cuando dicen de usted que es el ladrón más famoso del mundo, ¿no le inquieta un poco?

-Es que es verdad. No puedo decir que no hice las cosas que hice. No se puede decir que yo buscara ser ladrón, pero lo fui y ya no lo soy. Lo cuento porque lo hice y no exagero. Creo que he tenido una vida irrepetible.

-Cuando se pone a recordar todo esos episodios ¿qué valoración hace de su vida?

-He tenido una vida que no se puede considerar normal y que ha sido muy intensa. He hecho muchas cosas y me han pasado otras que verdaderamente no son comunes. Puedo decir que es histórico que alguien haya podido hacer todas esas cosas y mucho más por el hecho de que no creo que se puedan repetir esas historias.

-Insiste mucho en el libro en que en España compró más de lo que robó.

-Es que es así. El expolio en España fue algo escandaloso. Yo he visto camiones cargados con todo tipo de enseres, muebles, bancos del siglo XV, que habían sido vendidos por un sacerdote. Fue un descontrol, aunque yo creo que el dinero no era para los párrocos porque yo volvía a hablar con ellos tres meses después y seguían llevando la misma sotana raída.

-Si era tan fácil robar en aquella época ¿por qué prefería pagar por las piezas?

-Es que eran mucho más barato comprar las piezas que robarlas. Los precios eran muy bajos y ya nadie denunciaba.

-El libro se centra mucho más en sus actividades europeas que en las españolas.

-Robé mucho más en el resto de Europa. En España pude haber robado cincuenta piezas pero en el resto de Europa pueden ser unas cuatrocientas. En Holanda, Italia, Alemania, Francia... No robaba en Bélgica porque era donde comía y porque Bélgica es más pequeña que Galicia.

-Galicia, afortunadamente, no aparece mucho en su biografía.

-Hice más trabajos de los que están contados porque, aunque el libro es grande, no hay espacio para contarlo todo. No cuento más de lo que hice en España porque llevo 27 años viviendo en Málaga y estoy muy tranquilo y tampoco quiero levantar problemas.

-Pero recordar todos los detalles de tantos años tiene que ser tan difícil como robar.

-La memoria la tengo bien. Pero el mérito del libro no es mío. Es de Nuria Gutiérrez, mi mujer, que tiene mucha paciencia, ha organizado todas los detalles, ha hablado con mi familia y escribe muy bien, con estilo de novela pero contando toda la verdad. Porque todo está en los archivos policiales, dato por dato.

-¿Sigue insistiendo en que el robo del Códice Calixtino solo se puede cometer con cómplices desde dentro?

-Absolutamente seguro. Y cuando digo cómplices no hablo del personal de limpieza. El lugar está vigilado y es difícil salir y entrar sin que te vean. En todos esos robos es necesario un cómplice porque es casi imposible hacerlo de otro modo y sin ayuda.

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