Cien años del robo de «La Gioconda»

miguel lorenci MADRID / COLPISA

CULTURA

Continúa el misterio en torno al hurto del famoso retrato pintado por Leonardo

20 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Un siglo no ha sido suficiente para aclarar en todos sus detalles el robo más sonado de la historia del arte. El 21 de agosto de 1911 un escalofrío atravesó el alma del pintor Louis Béroud, que llegaba a la sala Carré del museo del Louvre para admirar la Mona Lisa. El emblema del museo, su pieza más valiosa y apreciada, La Gioconda, se había esfumado. Cien años después no se han desvelado todos los misterios en torno al robo de la muy enigmática y sonriente joven retratada por Leonardo Da Vinci en Florencia entre 1503 y 1506. El que pudo ser el primer robo por encargo de la historia concluyó con final feliz dos años después. En la misma Florencia en la que fue pintada reapareció sana y salva en 1913 cerrando de los episodios más rocambolescos de la reciente historia del arte.

Un siglo después son muchas las preguntas sin respuestas sobre un suceso que salpicó al mismísimo Picasso y su amigo Guillaume Apollinaire. Pintor y poeta fueron detenidos e interrogados un mes después del latrocinio como presuntos autores. Apollinaire había propuesto quemar el Louvre y Picasso tenía antecedentes por la compra arte robado.

Tras dos largos y desconcertantes años sin pista alguna, la pintura reaparecía en Florencia de la enigmática mano de «otro» Leonardo. «Tengo en mi poder la obra robada de Leonardo da Vinci. Mi sueño es devolver esta obra maestra a la tierra de la que procede y al país que la inspiró», decía una misiva remitida desde París que recibió en noviembre de 1913 el anticuario Alfredo Geri. Geri se lo comunico a Giovanni Poggi, director de la florentina Galleria degli Uffizi, invitó al remitente a mostrarle la pintura, lo citó en el museo y avisó a la policía. Hechas las comprobaciones, el Leonardo de pega fue detenido y La Gioconda recuperada. Vincenzo Peruggia era su verdadero nombre, un carpintero que había trabajado en el Louvre y quería, dijo, resarcir a Italia del expolio artístico perpetrado por Napoleón. Nadie ha ofrecido hasta hoy una explicación factible sobre el verdadero móvil de Peruggia y quién estaría detrás de su acción. Por qué decidió sacarlo a la luz es un misterio, como saber quién le encargó el robo.