Una huella olvidada de los lemavos

Solo una inscripción señala la existencia del desconocido castro Eritaeco

.

MONFORTE / LA VOZ

El hallazgo de un asentamiento castreño en el monte de San Vicente do Pino, en Monforte, no ha despejado las dudas que existen desde hace mucho tiempo sobre la ubicación del castro Dactonio, capital del antiguo pueblo de los lemavos. Desde que fue descubierto en el 2007, en este yacimiento solo se realizaron algunos sondeos arqueológicos que no aclararon si se trata realmente de esta población, mencionada por varios autores clásicos griegos y latinos. Diversos arqueólogos e historiadores han apuntado que este castro pudo estar en Monforte, pero también en Proendos -Sober- o en San Vicente de Castillón -Pantón-, donde hay importantes vestigios de poblamientos galaicorromanos. Menos aún es lo que se sabe sobre otra localidad relacionada con los lemavos, el castro Eritaeco, cuya existencia se conoce gracias a una única inscripción.

Si el castro Dactonio ha dado mucho que hablar a los especialistas, el castro Eritaeco solo ha sido mencionado de forma breve en algunos trabajos. Uno de ellos fue publicado en 1985 por el historiador lucense Nicandro Ares Vázquez. Más recientemente también se ha ocupado de este enclave el arqueólogo Xabier Moure. Según indican estos investigadores, el nombre del desconocido castro figura en una estela que se conserva en la actualidad en el Museo de los Caminos de Astorga y que ha sido datada aproximadamente entre el final del siglo I a.C. y el de la siguiente centuria. En la lápida se menciona a una mujer y un hombre llamados respectivamente Fabia Eburi y Urius Caessi, a los que se califica a la vez como «lemavos» y como nativos del lugar de Eritaeco.

La lápida no contiene ningún otro dato que permita hacer conjeturas sobre la ubicación de este antiguo poblamiento. Según apunta Moure, entre los más de 140 castros que han sido inventariados en la comarca de Lemos no hay ninguno cuya denominación actual pueda relacionarse de alguna forma con el de Eritaeco. Por ahora, por lo tanto, no es posible saber si este nombre fue el de alguno de los castros ya conocidos y catalogados en la zona o si corresponde a otro que todavía no se ha descubierto.

Buscar en la microtoponimia

Por su parte, Nicandro Ares propuso investigar de forma sistemática la microtoponimia de las zonas situadas en los alrededores de todos los castros conocidos, por si en ella pudiese encontrarse alguna pista sobre esta antigua población. Sin embargo, hasta ahora no se ha llevado a cabo un estudio de este tipo.

Una letra invertida que indica una antigua población

En la estela de Astorga, el topónimo Eritaeco aparece inscrito junto a una letra c invertida, un signo que según han indicado diversos especialistas es una abreviatura de castellum o castrum, es decir, de una población fortificada. Xabier Moure considera que quienes mandaron esculpir esta lápida pudieron ser miembros de la comunidad étnica de los lemavos -encuadrada en esa época en la división administrativa romana conocida como Conventum Lucensis- que tuvieron relación con el Conventum Asturicensis.

Este último territorio, que tenía como centro la actual Astorga -donde al parecer fue encontrada la lápida- abarcaba las actuales provincias de León y Asturias junto con algunas partes de las de Zamora, Lugo y Ourense.

Votación
20 votos