Sally Ride, la primera americana en el espacio

La Voz

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Aunque dos cosmonautas rusas fueron las primeras en subir al firmamento, la estadounidense logró que muchas niñas viesen por televisión que también podían ser astronautas

26 may 2015 . Actualizado a las 18:28 h.

Había un tiempo en el que el firmamento era un techo inalcanzable, inquebrantable, que establecía los límites que jamás la humanidad podría superar. Sally Ride fue una de las personas indispensables para quebrar ese tope, tras convertirse en 1983 en la primera mujer estadounidense en viajar al espacio. Ride, que en ese momento no tenía más que 32 años, figurará también como la astronauta más joven en órbita.

Sally Ride no fue, sin embargo, la primera mujer en estar más cerca de tocar las estrellas, ya que veinte años antes, la rusa Valentina Tereshkova volaba al espacio a bordo de la misión soviética Vostok 6, y también el año previo al que Sally Ride estuvo en órbita, Svetlana Savitskaya hizo lo propio en la Soyuz T-7.

Pionera femenina en el mundo de la astronáutica estadounidense, Sally Ride también pasará a la historia por ser la primera mujer en manejar en órbita un brazo robótico, dispositivo en cuyo diseño había participado ella misma.

Cuando Sally Ride comenzó a estudiar física en Stanford, las mujeres ya habían conseguido entrar en el departamento, aunque años antes había sido un club exclusivamente masculino. Y también en la NASA había alguna mujer antes de que ella accediese. Pero el salto al espacio supuso una absoluta visibilidad de la presencia femenina en el campo de la astronáutica, un símbolo para el movimiento feminista y un acto que logró que «muchas niñas sentadas ante la televisión viesen que también podían ser astronautas, heroínas, exploradoras y científicas», en palabras de la editora de la revista Ms., Gloria Steinem.

Pero su salto al espacio no fue tan sencillo como nos parece ahora. En el momento de la conferencia de prensa anterior al inicio de la misión, Sally Ride, conocida por su capacidad para permanecer siempre entera independientemente del estrés, tuvo que aguantar preguntas que hoy en día no dudaríamos en censurar de sexistas. Si el vuelo espacial afectaría a sus órganos reproductivos, si planeaba tener descendencia, si llevaría sujetador o maquillaje en el espacio, cómo iba a hacer frente a su menstruación en órbita o si lloraba en el trabajo.

Pero Sally Ride, una mujer despojada de las ataduras del género imperantes en su época, se había entrenado en el salto en paracaídas, supervivencia bajo el agua, pérdida de peso, en el pilotaje de jets y, después de cambiarse del departamento de física al de ingeniería, había ayudado en el desarrollo del brazo robótico de la lanzadera espacial. Su comandante no tenía dudas de que Ride era tan válida como cualquier otro astronauta para enfrentarse a seis días en el espacio exterior.

Sally Ride abandonó la NASA en 1987 y, después de una época en el Centro de Seguridad Internacional y Control de Armas de Stanford, se convirtió en profesora de física en San Diego. Su intención siempre fue, a partir de ese momento, tratar de inculcar a los jóvenes, especialmente las chicas, la pasión por las ciencias, las matemáticas y la tecnología. Para ello, llegó a escribir seis libros científicos para niños, incluido uno que explica cómo se hace un sandwich en el espacio.

En el 2001, formó la compañía Sally Ride Science con ese mismo objetivo, para «hacer la ciencia guay de nuevo».

Sally Ride fue siempre muy celosa de su vida privada y rechazó durante toda su vida prestarse a escribir sus memorias. Según un libro publicado en el 2014, dos años después de su muerte a los 61 por un cáncer de páncreas, por la periodista y amiga de Ride Lynn Sherr, la astronauta estadounidense era homosexual, aunque lamentaba que en aquel entonces «el movimiento LGBT no estaba todavía tan avanzado».