Celtitlán, celtismo con espíritu azteca

La peña celtista mexicana va camino de cumplir tres años de vida; nació de la «inquietud por confabularse» en su afición por el equipo

La mayoría son emigrantes o descendientes de emigrantes
La mayoría son emigrantes o descendientes de emigrantes

VIgo

Entre los municipios que cuentan con peñas celestes hay uno de nombre especialmente complicado. Está en México y recibe el nombre de Cuautitlán. Allí se fundó hace cerca de tres años el primer colectivo celtista en el país azteca, que decidió partir de esa denominación del lugar donde se ubican, pero simplificado a base de darle un toque celeste: Celtitlán.

Escudo de la única peña celtista mexicana hasta la fecha
Escudo de la única peña celtista mexicana hasta la fecha

«Con el avenimiento de las redes sociales se pudo apreciar que los gallegos en el extranjero apoyamos mucho a nuestros equipos. Hay mucha gente del Real Madrid y del Barcelona, pero también somos muchos los que nos enorgullecemos de seguir al equipo de la ciudad olívica», constata uno de esos aficionados al otro lado del charco, Jorge Gulías Merelles. Como él, la mayoría son emigrantes o hijos de la emigración que o bien vivieron el celtismo de cerca o lo han recibido de sus padres.

Una vez que las nuevas tecnologías les pusieron en contacto, no tardó en surgir el deseo de dar un paso más. «Nació en nosotros la inquietud por asociarnos y confabularnos en nuestro celtismo», comenta Jorge. Fue su hoy compañero peñista Sergio Maceira quien tomó la iniciativa. «Decidió fundar la primera peña celtista en México, debidamente afiliada al club y asentada en los Abetos de Cuautitlán, de donde toma su nombre muy bien incorporado con el nombre del equipo», desgrana, El propio Sergio, su presidente, fue el que tuvo la idea de bautizar de ese modo al colectivo.

Suelen reunirse coincidiendo con los partidos del Celta
Suelen reunirse coincidiendo con los partidos del Celta

La sede de la peña es el restaurante propiedad de unos primos de la madre de Jorge y de algunos socios más, originarios de la aldea de Rubillón (Avión, Ourense). Ubicado en el norte del Valle de México o Valle de Anahuac, «ha sido desde siempre un punto de encuentro para los gallegos que allá habitan». Aunque la zona ha acabado siendo absorbida por la ciudad, desplazarse hasta allí sigue siendo complicado. «Solo los celtistas más acérrimos, gallegos que radican en Cuautitlán o los más vinculados al local continuaron yendo periódicamente».

En este tiempo el número de socios ha ido creciendo y han adoptado una segunda sede para cuando desplazarse a Cuautitlán resulta especialmente problemático. «En ocasiones nos reunimos en el Centro Gallego de México para ver los partidos, sobre todo los más importantes», señala. En ese grupo habitual suelen estar tanto Jorge como Diego Montes Fornos, amigo desde la infancia del que destaca que «es sobrino del padre del cine gallego, Chano Piñeiro, e incluso apareicó en un papel en Mamasunción».

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La primera vez que se reunieron, ya decididos a constituir la agrupación y con el firme objetivo de darle forma, coincidió con un Celta-Barcelona que aprovecharon para vivir juntos. Pese a que el resultado de aquel choque no fue favorable al equipo vigués («perdimos 0-3»; recuerda Gulías con amargura), eso no les quitó las ganas de seguir adelante con el proyecto y aquel sinsabor vino sucedido de otros, pero también de muchas alegrías que siguen disfrutando juntos a día de hoy.

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