Tomás Hervás: «En Vigo disfruté ya no de cada partido, sino de cada entrenamiento»

El futbolista militó en el Celta entre los años 1998 y 2001, etapa que recuerda con gran cariño

Tomás Hervás fue céltico entre 1998 y 2001.
Tomás Hervás fue céltico entre 1998 y 2001.

Vigo

Tomás Hervás (Ponferrada, 1970) es uno de esos jugadores que, sin llegar a estar muchísimos años en Vigo -fueron tres campañas, entre 1998 y 2001- dejó huella en la afición, la misma que su paso por el equipo dejó en él. De su etapa como celeste recuerda muchos grandes momentos y también algunos sinsabores. Fue parte de un Celta que hizo soñar y cumplió algunos de esos sueños, como eliminar al Liverpool de la UEFA o endosar un 4-0 a la Juventus, choques inolvidables para él. Ahora, como técnico del Sporting B, regresar a la que fue su casa sigue siendo especial. 

-¿Cómo resumiría los tres años que pasó como jugador del Celta?

-Fueron muy buenos, de lo mejor. En el terreno profesional, por el nivel futbolístico de los compañeros, con las competiciones y los encuentros que tuve la suerte de disputar, disfrutando muchísimo ya no de cada partido, sino de cada entrenamiento. Luego, en lo personal, estuve muy a gusto en la ciudad, donde me trataron fenomenal. Siempre digo que los lugares son la gente con la que te encuentras en ellos y en ese sentido tuve mucha suerte. Desde que me marché, no he dejado de ir una o dos veces al año a Vigo, pues tengo casa y estoy en contacto con muchos amigos, como Moncho Carnero. Conocí a gente fantástica.

«Aquel Celta que miraba a cualquier equipo de frente marcó mi manera de ver el fútbol»

-Llegaba procedente del Sporting tras toda una vida allí. ¿De qué manera vivió ese cambio?

-Aunque soy de Ponferrada, estoy muy arraigado en Gijón, porque me marché con 15 años y estuve unos 12 allí, primero en la base y luego en el primer equipo. Pero cuando bajó necesitaban deshacerse de gente y, aunque yo quería seguir, el Celta pagaba el traspaso y siendo un equipo que jugaba UEFA era casi obligado que me fuera. El club fue el primero que me dijo que debía irme y aproveché esa oportunidad. El primer año fue una gozada, con partidos inolvidables y compitiendo de la manera que lo hacíamos, como un equipo al que nadie le imponía, que tocaba en Madrid, el Barcelona o el rival que fuera y le mirabas de frente con una manera de jugar muy atractiva que, además, marcó mi manera posterior de ver el fútbol.

En un partido de la Intertoto frente al Aston Villa, con el que se habían enfrentado en UEFA previamente.
En un partido de la Intertoto frente al Aston Villa, con el que se habían enfrentado en UEFA previamente.

-Con eso tendría algo que ver Víctor Fernández, su único entrenador en Vigo. ¿Qué destacaría de él?

-En cuanto a su modo de analizar este deporte es de lo mejor que he tenido como técnico. Siempre quería llevar la iniciativa y el peso del partido, que el equipo se caracterizara por un buen trato de balón. Había una plantilla muy capacitada para hacerlo, pues el primer año igual teníamos el mejor centro del campo de Europa incluyendo a los equipos grandes, con Mazinho y Makelele como pareja de pivotes, más aquella línea de mediapuntas con Karpin, Mostovoi, Revivo, Lubo Penev... La verdad es que es difícil que el Celta pueda repetir un equipo de ese nivel y mirar al rival a la cara como lo hacía entonces.

«Queda la sensación de que podíamos haber conseguido algo más grande»

-Si tuviera que quedarse con un momento de los vividos como céltico, ¿cuál sería?

-Creo que fueron muchos buenísimos momentos y también grandes decepciones que al final pesan, porque te queda la sensación de que el equipo estaba en condiciones de poder haber hecho algo más grande. Me acuerdo de los partidos contra Liverpool, Aston Villa o Juventus, pero también del que perdimos 0-1 en casa contra el Atlético en la última jornada y que nos privó de la Champions después de veinte y pico jornadas en esas posiciones. Necesitábamos un empate y perdimos los dos últimos partidos. O la final de Copa del 2001 en la que no pudimos conseguir el título. Para llegar hasta ahí sucedieron antes muchas cosas buenas, muchos buenos momentos que también tienen su mérito.

-¿Hay algún partido concreto que le haya marcado de manera especial?

-Tengo mucho cariño al que ganamos al Liverpool 3-1. Pero a muchos más: a partidos que hicimos en el Bernabéu y el Camp Nou, incluso el del Aston Villa, que solo jugué quince minutos al final, pero que fue una delicia. En general, el haberlos jugado casi todos de tú a tú, si no habiendo ganado, sí habiendo competido siempre. Teníamos un equipazo que llegaban las concentraciones de las selecciones y quedábamos tres.

En la edición del Teresa Herrera del 2001, en la que se impuso el Celta.
En la edición del Teresa Herrera del 2001, en la que se impuso el Celta.

«Los viajes para competir en Europa eran una fiesta en la que todos nos sentíamos felices»

-No sé si recuerda también de manera especial aquel partido contra el Pitesti en el que anotó dos goles.

-Sí, claro. En principio era un rival que no te decía nada, pero era Europa y se vivía con mucha intensidad, gozándolo mucho. Recuerdo que aquellos viajes, con vuelos chárter que se llenaban de aficionados y periodistas que viajaban con nosotros, eran una fiesta y la gente se sentía muy feliz con todo aquello, nosotros incluidos. En aquel caso teníamos que resolver en casa y fue con una goleada en la que pude hacer dos goles. Siempre me acuerdo de que en aquel momento fui de los máximos goleadores del Celta en Europa (risas).

 -¿Hay algún otro gol suyo con la celeste que se le quedara marcado?

-Me acuerdo de uno contra el Leganés que tuvo trascendencia en la eliminatoria. Marqué un gol bastante bueno en Butarque que nos permitió pasar al empatar luego a unos en casa. Fue el año que se llegó a la final de Copa. Como decía Víctor, algunas de esas eliminatorias contra rivales pequeños no son demasiado atractivos, pero al final pueden llegar a ser las que más se sufren. Para llegar a esa final hubo que pasar otros partidos y por eso recuerdo especialmente ese tanto.

Tomás tuvo la oportunidad de disputar partidos de UEFA durante sus tres temporadas en Vigo.
Tomás tuvo la oportunidad de disputar partidos de UEFA durante sus tres temporadas en Vigo.

«La Intertoto era casi como una olbigación tras cuatro años con el equipo en Europa»

-¿Y aquella Intertoto que consiguieron?

-Fue en mi tercera temporada y la verdad es que así como el primer año que se consiguió UEFA se celebraba como algo grande, el último parecía que no clasificarse era un fracaso. Por esoal lograrlo mediante la Internetoto se festejó, pero era casi como una obligación. Se empezó la pretemporada con la exigencia de ir a Europa y, aunque fue contra un rival complicado como era el Zenit, se asumió más como el deber cumplido que como un éxito.

-¿Fue difícil ese momento de no responder a la exigencia clasificándose directamente en la temporada 1999/2000?

-Sí, al quedar séptimos no cumplimos las expectativas en la liga después de cuatro años seguidos. Fue un año duro y peculiar porque estuvimos un año entero compitiendo sin descanso. Empezamos el 1 de julio y la final de Copa fue el 30 de junio del año siguiente. Particularmente, me lesioné y estuve cuatro meses parado en esa, mi última temporada, de febrero a junio, y me perjudicó de manera importante.

-Ahí acababa contrato y llegó su despedida del Celta. ¿Cómo lo recuerda?

-Pues con esa lesión fui de más a menos en un momento en el que el Celta estaba fichando y creciendo. Había más competencia y yo tenía ya 30 años, así que se terminó el contrato y me fui a Sevilla habiendo disfrutado muchísimo de mi etapa en Vigo. La despedida fue elegante, cumplí mi contrato y está claro que hubiera querido participar más al final, pero el club me veía como uno de esos jugadores funcionales que igual juegan 20 partidos y no 40, pero que son necesarios. A uno le fastidia, porque siempre quiere hacer más, pero traté de aportar en mi papel y siempre se me trató con mucho cariño.

Tomás, con Djorovic en un entrenamiento.
Tomás, con Djorovic en un entrenamiento.

-También en la afición ha dejado un buen recuerdo.

-Sí, me sentí siempre muy querido. Supongo que porque era de esos jugadores que lo daban todo y la afición lo agradecía, conmigo y con los demás, porque en aquel Celta todo el mundo se entregaba. No sé si todo el mundo es igual en Vigo, pero yo me encontré a gente maravillosa, desde el peluquero a la tienda donde ibas a comprar ropa. Era algo que llamaba la atención.

«La sensación de volver al campo de un exequipo y que te ovacionen como en Balaídos es de lo mejor que he vivido en mi carrera»

-¿Qué sensaciones tuvo luego en los regresos a Balaídos?

-La sensación de volver al campo de un equipo del que has formado parte y que te ovacionen, como me pasó en Balaídos y también en el Molinón, es de los mejores recuerdos que tengo en mi carrera. Ver que se acuerdan de ti y que lo hacen con cariño es maravilloso. Luego, en lo deportivo, nunca me sentí a gusto en esas situaciones, no lo disfrutas porque son equipos a los que has cogido cariño, que sientes como tuyo y en esos choques siempre pierdes de alguna manera.

Tomás, en un partido de la liga de veteranos en la que volvió a defender la camiseta del Celta.
Tomás, en un partido de la liga de veteranos en la que volvió a defender la camiseta del Celta.

-Más recientemente, formó parte del equipo de veteranos, con el que incluso ganaron la liga ¿qué tal fue la experiencia?

-Venía de jugar con el Sporting, que habíamos quedado campeones, me llamó Moncho y ahí estuve. No pude dar tanto nivel porque tenía la rodilla fastidiada, pero lo disfruté mucho con los compañeros. Es una gozada ya retirado volver a competir, más cuando ganas sin ser favorito gracias a un equipo que se empieza a armar, a pelear y a competir en base a ser un grupo. Me prestó mucho y me alegré de coincidir y poder celebrar ese título con Moncho, Jorge Otero, Bacjetic, Toni... Con todos.

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-¿Y con los compañeros de su época mantiene el contacto?

No soy de llamar mucho, pero cuando coincidimos o cuando voy a Vigo siempre intento hacer una comida y si puedo ver a compañeros como Pablo Coira, Goran, Giovanella... No he tenido esa suerte con el Negro Cáceres, que era mi compañero de habitación, o con Pinto, que eran de los más cercanos en esa época.  

-¿Cómo era aquel vestuario repleto de grandes futbolistas, como mencionaba antes?

-A mí me chocó, porque venía del Sporting, donde éramos todos más chavaletes. En el Celta ya era todo más profesional, otra cosa. Había internacionales, era una historia diferente. Pero el recuerdo es muy bueno.

«El Celta actual es de esos equipos de los que gane o pierda, la gente puede estar orgullosa»

-En cuando la Celta actual, ¿qué opinión le merece?

-Al estar entrenando en Segunda B, vas analizando a tu equipo y viendo fútbol de esa categoría, así que no sigo la Primera y al Celta tanto como me gustaría. Pero con lo que he visto he disfrutado mucho, me ha encantado por la intensidad, la idea de juego, por cómo disputa los partidos, incluidos algunos que no sacó adelante. Les vi un equipo fenomenal. Lo más importante es que la afición esté orgullosa y el Celta es de esos equipos que, gane o pierda, la gente tiene que estar contenta por su entrega y su juego. Da gusto verles jugar.

Tomás entrena actualmente al filial del Sporting.
Tomás entrena actualmente al filial del Sporting.

-Hablaba de la Segunda B, donde sí se ha enfrentado al filial. ¿Sigue siendo especial regresar a Vigo en los banquillo?

-Sí, y la verdad es que fue el equipo que mejor se me dio este año. La primera victoria fuera de casa la conseguimos en Barreiro, un 0-3 muy importante para nosotros, porque significó un punto de inflexión, y luego 5-0 en la segunda vuelta, unos números excelentes. Fue curioso que se dieran esos resultados precisamente contra el Celta. Creo que perdí alguna que otra amistad, me echaron la bronca un poquito (risas). Para mí siempre es un placer hablar de Vigo, de aquellos tiempos y de toda esa gente que quiero a raíz de mi paso por el Celta.

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