Alento Celeste desperdigado pero constante para el equipo vigués

La peña viguesa se autodefine como algo «caótica» y que va «por libre», pero lleva cerca años de apoyo ininterrumpido al Celta

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Vigo

Son una peña viguesa, pero que se forjó en Valladolid y que tiene o ha tenido socios residiendo en lugares que van desde Londres hasta O Barco, pasando por Alemania. Todo esto, que provoca que los cerca de cuarenta integrantes de Alento Celeste no se juntan prácticamente nunca, hace que su presidenta, María Valle, hable de una peña «atípica». Pero solo en las formas, porque el fondo es el mismo que el de cualquier otra agrupación: la pasión por su equipo.

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«Yo llevo 25 años yendo al fútbol y 23 de socia, pero nunca había sido peñista ni me lo había planteado», relata María. La cosa cambió en ese famoso viaje a Valladolid al que viajó sola. «Por mi trabajo, suelo ir al revés del mundo, así que me apuntaba a viajes de la Federación sin nadie más, a lo loco. Esa vez, en el primer bar que entro, me encuentro a un vecino de toda la vida que ni sabía que estaba». Enseguida congenió y se integró en su grupo de amigos y entre todos, todavía allí, acordaron que de aquel buen ambiente celtista tenía que salir una peña.

El resto de los que entonces eran futuros peñistas insistieron en que María, que asegura que su mundo es «de color azul celeste», tenía que asumir la presidencia. Y así fue. «Los chicos dijeron que el nombre tenía que ser en gallego y Alento nos gustó a todos, así que lo escogimos por unanimidad», comenta. A cambio, la directiva estuvo -y está- formada por chicas, una de las cuales diseñó el logo. «Teníamos claro que con lo que nos gustan las previas, una cervecita por ahí tenía que haber. ¡Nos quedó muy majo!», celebra.

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Por estar desperdigados, su presidenta dice que son «una peña de previas y WhatsApps». Porque, unas veces con más miembros y otras con menos, no perdonan las reuniones anteriores a los partidos que, «cuando se gana» se prolongan también a continuación de los mismos. Y tampoco se despegan del móvil. «Siempre estamos comentando los partidos y el resto de la actualidad del equipo con la gente que vive fuera y no puede venir».

Su esquema de peña, además, es el de agrupación que no aspira a ser multitudinaria ni mucho menos, sino a formar un grupo celtista de amigos. «Nunca hemos sido más de 45. No nos apetece empezar a meter gente de fuera, sino que somos todos conocidos, familia o amigos de amigos. No tenemos ningún interés en expandirnos más», comenta. Lo oficializaron simplemente para ser un colectivo un poco más organizado, pero manteniendo lo mismo que comenzaron a hacer antes de federarse.

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Son celtistas con edades comprendidas en su mayoría entre los 30 y los 45 años, también desperdigados en lo que a su distribución por las gradas de Balaídos se refiere. Tampoco tienen una sede en la que juntarse. «Tuvimos una, un bodegón con cuyo dueño nos llevábamos muy bien. Pero se traspasó y ahora estamos en busca de local, que a veces es un poco complicado». Activos en redes sociales, aseguran que van «por libre», pero siempre con el celtismo como guía.

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